SANTA MUERTA DE LA ENCINA -ESPERPENTO TRAGIMÁGICO EN TRES ACTOS Y PICO-







SANTA MUERTA DE LA ENCINA
-ESPERPENTO TRAGIMÁGICO EN TRES ACTOS Y PICO-




 Autor: Luis García Centoira.





Esta obra tiene todos los derechos de propiedad intelectual reservados a favor de su autor y está debidamente registrada en el Registro de la Propiedad Intelectual. No le es aplicable la licencia Creative Commons que se aplica al blog JUGAR ES VIVIR, del propio autor, sino el régimen de propiedad intelectual general regulado por las leyes españolas. No obstante, si formas parte de una compañía de teatro y quieres ponerla en escena, ponte en contacto conmigo. Seguro que llegamos a un acuerdo. Lee la Declaración de Intenciones un poco más abajo. Si formas parte de una compañía amateur, eso que ahí se dice te va a interesar.


Dedicado a Mikel, como siempre.
Y a Arantza. A Diego y a Marina.





DECLARACIÓN DE INTENCIONES
Santa Muerta de la Encina es una obra que requiere para su realización un total de cinco actrices y seis actores que encarnen a los veinte personajes que intervienen en la misma.
Acostumbrados a un teatro bien pacato en cuanto al número de personajes a interpretar, normalmente por razones únicamente pecuniarias –sale más barato pagar a dos actrices que a cinco-, en este caso hemos decidido otorgar a la historia el derecho a elegir el total que necesitase para ser narrada correctamente. Y, además, veinte no son tantos: son los mismos, por ejemplo, que se destacan en Sueño de una noche de verano. Si en tiempos de Shakespeare una obra podía contener ese elenco, ¿por qué hoy no vamos a ser capaces?
No obstante, como somos conscientes de que pocas son las compañías que dispongan de tantos integrantes, hemos optado por hacer viable la obra con sólo once intérpretes. Al final del texto aportamos una correspondencia intérpretes/personajes que puede ser de utilidad para elaborar el correspondiente reparto de papeles. Aunque se trata sólo de una sugerencia para el director o directora del montaje, los tiempos narrativos se han adecuado para que ese cuadro pueda ser escénicamente viable.
Su puesta en escena por parte de grupos de teatro amateur o en centros de formación de cualquier naturaleza es libre. No obstante, rogamos que antes de su puesta en escena, esos grupos se pongan en contacto con el autor, para que quede constancia del hecho.
Para montajes de compañías profesionales, éstas deberán dirigir su solicitud al autor, titular de los derechos de propiedad intelectual de la obra, por correo electrónico a la siguiente dirección

                ororodiez@gmail.com




SANTA MUERTA DE LA ENCINA
-ESPERPENTO TRAGIMÁGICO EN TRES ACTOS Y PICO-




 Autor: Luis García Centoira.


DRAMATIS PERSONAE

Santa Anónima de la Encina
Fermín, el guardia
Teresa, la Alcaldesa
Don Eusebio, el Párroco
Borja, el Enamorado
La Inspectora Chanel
Clara, la Amortajadora
Gorri, Duende del Bosque
Marizuri, Lamia
Rufino, el Asesino
Laura, Amante del Asesino
Un Turista Inglés
Operario 1
Operario 2
El Albañil
El Pinche
La Camillera
El Obispo
Turista Gótico
Turista Gótica

Gran retrato del Rey del País
Gran retrato del Presidente del Gobierno
Dos azafatas











1
2011.
Un claro en el bosque presidido por una encina. A lo lejos se ven las casas del pueblo.
Entra la Muerta, caminando como si ya no estuviese viva. Sus ropas están hechas jirones, resultado de su paso por entre los zarzales –quizá- o de la agresión que la llevó a la muerte –tal vez-.
El caso es que está muerta. Se aprecia el orificio de entrada de un balazo en el centro de la frente, como un oscuro tercer ojo. Su ropa está salpicada de sangre.
Lleva bajo el brazo un cuadro con una fotografía de boda. En la foto, ella es ella y sonríe; también él sonríe.
Pero la muerta no sonríe. Camina erguida como las muertas caminan. Tiene cara, gesto, ademanes de muerta.
Acude al árbol. Cuelga el retrato nupcial en una rama baja. Luego se planta un metro por delante de la imagen. Mira con cara de muerta hacia delante, a la platea, o donde sea que miren, vean o no, las muertas.




2
El claro en el bosque. La Muerta está de pie. Un joven sostiene amorosamente su mano. Acaricia el pelo de la Muerta.
No es el joven del retrato, sino otro.
Se oyen las voces de La Alcaldesa y El Guardia, que entran.

EL GUARDIA
Gracias por venir a verla en persona, señora Alcaldesa. Que no digo yo que la chica moleste el tráfico ahí donde está ni nada parecido, pero algo tendrá que hacer con ella el municipio. Lleva ya tres días al pie de la encina, su olor es más pestilente cada día que pasa, su ropa se ensucia con el paso de cada jornada, cada vez…
LA ALCALDESA
Pero, a ver, Fermín, ¿a ti te parece un peligro para el orden público, la moral social o la seguridad ciudadana que haya una difunta en medio de un prado de los bosques municipales, por muy viva que esté?
EL GUARDIA
(Acercándose a la muerta) Mire, es ella. Da repelús, ¿eh? Con ese tiro en mitad de la frente…
LA ALCALDESA
(Tocando la ropa de la muerta) Asusta un poco… ¿Y éste? (señalando al joven que da la mano a la chica)
EL GUARDIA
Es Borja Ordeñana, el hijo de Cosme, el panadero de Venta Vieja. Lleva dos días ahí plantado. (Al chico)  ¡Eh, Borjita! ¿Sigues enamorado de la Muerta? (A la Alcaldesa) El primer día, cuando la vio bajo la encina, se arrodilló ante la chica diciendo que los Cielos la habían resucitado para entregársela a él.
LA ALCALDESA
¡Por favor…! ¿Es cierto? ¿No estará drogado? ¿O loco?
EL GUARDIA
Lo segundo, ¡quién sabe? De lo primero, ya le he hecho pruebas: ni drogas, ni alcohol. Y comer, poco. Su padre viene un par de veces al día a traerle algo de comida, alguna coca-cola, tabaco… Beber refrescos y fumar sí que hace, pero las tarteras con los guisos que Cosme le trae, esas ni las abre.
LA ALCALDESA
Decías que se arrodilló ante ella en cuanto la vio.
EL GUARDIA
Se le declaró como un donjuán a su inés. Ese primer día el muchacho estuvo muy locuaz. Al cura, que es otro de los que no ha dejado pasar una jornada sin venir por aquí desde que la Muerta colgó su retrato de boda en la rama, le pide cada día que los case, que ha encontrado a la mujer de su vida; eso le dice: ¡la mujer de su vida!
LA ALCALDESA
¿No se da cuenta de que está muerta?

EL GUARDIA
Afirma que le da igual, que lo sabe, pero que no le importa. Dice que el amor puede trascender la muerte y cosas así. Se lo toma todo como un acto de amor. No le digo más que, como ella no come, él se niega a probar bocado. Por eso no abre las tarteras del padre.
LA ALCALDESA
Un vivo que acabará muerto de hambre y una muerta que parece…Iba a decir que parece viva, pero la verdad es que no, que tiene muy mal aspecto. Ya que está en nuestro término municipal, supongo que habrá que darte la razón, alguacil, imagino que debemos hacernos cargo de ella, limpiarle la sangre, cambiar su ropa por un vestido limpio, intentar que huela un poco menos a podrido…

Entra un turista inglés que comienza a sacar fotografías de la joven de la encina.

EL GUARDIA
(Bajando la voz) ¿Ve lo que le decía? ¡Otro pal bote! No sé cómo habrá corrido la voz, pero lleva viniendo gente de fuera desde hace tres días, casi desde que se colocó debajo de la encina. Habrá que poner algún vallado de seguridad separándola de la gente, porque cada vez son más.
LA ALCALDESA
¿Turistas? ¿Me estás diciendo que a ver esto vienen…turistas?
EL GUARDIA
O amantes de lo raro, yo no sé cómo llamarlos. El caso es que la posada del pueblo tiene ocupadas todas las habitaciones. Cándida, la posadera, me ha confesado que tiene colgado el cartel de ‘completo’ para las próximas tres semanas. Y el restaurante de Marcelo está dando tantos menús a los visitantes que su dueño anda pensando en ampliar el comedor. En plena crisis económica, ya ve, nos vamos a convertir en la meca del turismo de zombis.

Entra don Eusebio, el Párroco.

EL PÁRROCO
De Zombis, no, ¡de santos! Un respeto para nuestro señor Jesucristo, que también fue muerto por nuestros pecados y resucitó, como ella, al tercer día, para redimir al mundo.

El Guardia se acerca a la Muerta y le da un empujón. El Enamorado la sostiene y le mira, enfurecido.

EL GUARDIA
(Al Enamorado) Tranquilo, chico, que sólo era una prueba de santidad.
LA ALCALDESA
(Perpleja, al Guardia) Y eso, ¿a qué ha venido?
EL GUARDIA
Por el dilema que plantea aquí don Eusebio, sobre si es zombi o santa la Muerta. Si cae, zombi. Si santa, levita.
EL PÁRROCO
Caiga o levite: ¡Santa!
EL GUARDIA
Santa y resurrecta, digo yo que algo debiera decir la interesada. Algo del tipo: “He regresado para daros un mensaje de San Pedro: que se van a agotar los pozos de petróleo, que se van a licuar los polos, que el Pato Donald mató a John Fitzgerald Kennedy, que…” Bueno, ¡lo que sea! Si resucita sin recado del Cielo, si no levita y huele a sardina, más parece zombi que santa.
EL PÁRROCO
¡Sabrán los guardias de santas…!
EL GUARDIA
¡Sabrán los curas de zombis…!
LA ALCALDESA
El caso es que seguimos sin saber ni siquiera quién es.
EL GUARDIA
Ya ha leído el informe judicial, señora: desconocida, muerta de un disparo en la cabeza hace siete días, enterrada hace seis, aquí aguantando discusiones sobre zombis y santos desde hace tres.
LA ALCALDESA
(Al enamorado) Y tú, muchacho, ¿qué dices? Llevas a su lado, según me cuentan, casi desde que llegó. ¿Ha dicho algo la mujer? Alguna revelación, ¿quizá algún mensaje?
EL ENAMORADO
Ella no está aquí para traer mensajes.

EL GUARDIA
Eso me había parecido a mí, que la Muerta no pertenece al Servicio Pontificio de Correos.
EL PÁRROCO
¡Un respeto!

El turista inglés se va.

EL ENAMORADO
Ella sólo ha venido por mí. Me ha traído su amor desde el más allá. Estábamos destinados a querernos en vida y, como no pudimos entonces, lo haremos ahora, a pesar de su muerte.
LA ALCALDESA
Todo eso, ¿te lo ha dicho ella, lo supones o lo inventas?
EL ENAMORADO
Es evidente mirándole a los ojos: ha abandonado el mundo de las ánimas porque me buscaba a mí. (A la Muerta) Y, amor mío, me has encontrado.
EL GUARDIA
(Aparte) No sé a quién le chirrían más los muelles de la cabeza, si al cura con su Santa muda o al adolescente con su zombi enamorada.
EL ENAMORADO
Lo supe en cuanto la tuve frente a mí. Cogí su mano, como ahora y… ¡ay, Dios!, sentí su calor recorriendo todas mis venas. Sin palabras me dijo: “Te amo, he venido a ti, ni siquiera la muerte podrá separarnos”. Padre, por favor, cásenos hoy mismo.

Entra Clara, la Amortajadora, con sus trastos: maquillaje, cepillos, horquillas, y una bolsa con ropa limpia para adecentar a la Muerta.

LA AMORTAJADORA
(Yendo directamente hacia la de la encina): ¡Por los clavos de la cruz, cómo está la pobrecita!
EL GUARDIA
No como tú, preciosidad.

LA ALCALDESA
(Al Párroco) Y ésta, ¿qué hace aquí?
EL PÁRROCO
Es Clara, tanatoestethiciene  diplomada, la Amortajadora. Me permití pedirle que viniera. La Santa parece que ha llegado para quedarse y, si hemos de mostrarla al mundo,…
EL GUARDIA
(Aparte, aunque el Párroco oye lo que dice y le mira despreciativamente) ¡Cómo no, del turismo del poltergeist a la santa peregrinación! Pero, mira tú ¡qué guapa la peluquera de la Muerta! Esa sí que parece una santa.
EL PÁRROCO
(Ignorando el comentario del Guardia) Si hemos de mostrar al mundo tan sublime prodigio como el que acoge la sombra de esta encina, deberemos acicalarla con la dignidad que le corresponde.
EL GUARDIA
La vestirán de Barbie vaticana.
EL PÁRROCO
¡Virgen, pura y casta!
EL GUARDIA
¿Virgen? ¡Qué virgen ni qué virgen! Pero si nos ha traído una foto de boda… Que digo yo que el matrimonio se consumaría.
EL PÁRROCO
Redimida de sus pecados por nuestro Dios único y verdadero.
EL GUARDIA
¡Amén!
EL PÁRROCO
Ha llegado a nosotros con el mensaje primordial de que hay vida después de la vida. (A la Amortajadora) Clara, haz tu trabajo.

Clara, que ya ha desplegado sus bártulos junto a la resucitada, comienza a limpiarla.

EL GUARDIA
Vístela de domingo, princesa de los maquillajes, que éste pronto le hará una misa.

EL PÁRROCO
Trae la buena nueva de que hay esperanza tras el dolor. Ella, que ha sufrido una muerte espantosa, escuchad bien esto, ella porta un renovado mensaje de esperanza.
EL GUARDIA
¡Amén!
EL PÁRROCO
De fe.
EL GUARDIA
¡Amén!
EL PÁRROCO
De amor.
EL GUARDIA
¡Requeteamén!

Entra la Inspectora Chanel, vestida de Carolina Herrera.

LA INSPECTORA CHANEL
¡Alto ahí! Inspectora Chanel, aquí tienen mi placa. (La muestra).
EL GUARDIA
(Aparte) ¡La que faltaba! ¿De qué va vestida ésta? Parece el brazo pijo de la ley.
LA INSPECTORA CHANEL
¿Qué se supone que está haciendo esa mujer? ¿Borrando pruebas del cadáver?
EL PÁRROCO
Adecenta a la enviada del Señor.
LA INSPECTORA CHANEL
Querrá decir a la víctima de un delito…
EL PÁRROCO
(A la Amortajadora) Clara, siga con su trabajo, por favor. (A la Inspectora) Esta mujer ha estado enterrada tres días en el cementerio comarcal bajo una lápida donde ponía “Desconocida” (Saca unos papeles, que desdobla y entrega a la Inspectora) Aquí tiene copia del acta de defunción, de la cédula de entierro y del Visto Bueno del Jefe de la Comandancia de la Policía Judicial. Lea, lea: “…joven sin identificar víctima de un disparo a bocajarro en la frente, sin orificio de salida de bala…” Lea, lea.
LA INSPECTORA CHANEL
Entonces alguien violó su tumba y trajo aquí el cadáver para… (repara en el Enamorado) ¡Ese joven! ¿Qué hace con la finada? ¿Es él quien la sacó de la tumba? A ver, documentación, deneí, pasaporte…

El Enamorado, después de rebuscar, le entrega el carnet de las piscinas municipales.

EL ENAMORADO
Se sacó sola, para verme. Soy culpable de mi amor, pero yo no la he sacado de ningún ataúd.
LA ALCALDESA
Inspectora Chanel, deje al pobre chico, por favor, que sólo es un alma inocente. Permítame una explicación. Mi nombre es Teresa García Buesa, Alcaldesa de este municipio. Entiendo su sorpresa, su perplejidad, más bien, pues eso mismo sentí yo hace tres días al enterarme de la presencia aquí del ¿cómo lo llamaríamos?... “cuerpo”. En el coche oficial dispongo de copia del atestado que levantó la Policía Criminal sobre el caso de esta pobrecilla, todavía sin identificar. Al expediente lo acompaña el auto de levantamiento del cadáver dictado por el Juez de Instrucción del Juzgado de lo penal número 2 de nuestra provincia, con autorización de inhumación posterior, la cual se produjo hace seis días exactamente, después de que el servicio de medicina forense elevara informe definitivo. Fermín, vaya al coche y tráigame los documentos, por favor.

Fermín sale. Antes de dejar la escena le hace un requiebro a Clara –“¡guapa!”-, que continúa alicatando a la Muerta. El Enamorado asiste entre avergonzado y extasiado al desnudo de su amada.

LA ALCALDESA
Le diré cómo lo veo yo, señora Inspectora ¿Garzón, ha dicho? ¿Cómo el juez? El muchacho asegura que la joven abandonó la tumba para poder escuchar sus arrullos de amante. Lo cual, como arrullo, tal vez revele mente de pajarillo, dicho sea sin faltar, pero resulta inofensivo. El Párroco, don Eusebio, aquí presente, afirma que ha sido Dios quien la ha enviado hasta nosotros como portadora de un mensaje de fe y esperanza en la vida eterna.

Entra una pareja de turistas de estética gótica. Mientras tanto, regresa el Guardia y entrega un portafolio a la Inspectora Chanel, que comienza a hojearlo al momento.

LA ALCALDESA
(Sigue hablando) Y estos de las cámaras no sé yo si pensarán que es el resultado inmortal de la mordedura de un vampiro o el primer aviso de que el fin del mundo, que para ellos debe ser la juerga de todas las juergas, arranca en esta finca.
EL ENAMORADO
Ha venido por mí, para hacer posible nuestro amor puro y sincero más allá de la vida, a este lado de la muerte.
EL PÁRROCO
Nos la ha enviado la Virgen María, como hizo con la Santa de El Pilar, para que aquí construyamos un altar de adoración a nuestro Señor.
EL TURISTA
(A la Amortajadora) ¡Eh, tú, la del maquillaje!, ¿podrías apartarte un momento para que saquemos a la Muerta de la Encina? Nos sale tu culo gordo en todas las fotos.
EL GUARDIA
¡Oiga, joven, un respeto para una trabajadora del gremio de decesos en pleno laboreo! Y, además, de culo gordo, nada de nada, bien bonito y plantado que está el mencionado.
LA TURISTA
¡Por favor… si parece un sombrero abollado…!
LA AMORTAJADORA
¡A ver si todavía me voy a tener que ciscar en tu… en tu… negra frente!
EL TURISTA
Bueno, vale, retiro lo del culo, pero, por favor, únicamente queremos una foto de la Muerta de cuerpo entero; a ti ya te tenemos en todas las demás.


EL GUARDIA
(A la Alcaldesa) A esto me refería antes, doña Teresa. Vamos a tener que poner algo de orden alrededor de la resurrecta antes de que la gente acabe por dañarla. Yo propongo un primer vallado aquí mismo y una cinta de ‘prohibido el paso’ que acordone un perímetro de diez metros de seguridad, más o menos por ahí, a la altura de la primera fila de butacas.
LA TURISTA
(A la Amortajadora) Bueno, ¿te quitas o no te quitas de en medio?
LA AMORTAJADORA
¡Anda y que te den por…!
EL PÁRROCO
¡Dora, ese lenguaje… que estás ante una Santa!
LA AMORTAJADORA
¡Pues que no me toquen las narices con su cámara de los…de los… colirios!
LA ALCALDESA
(Al Guardia) Tienes razón, Fermín, acércate al coche patrulla y trae lo que sea para separar a la chica de los visitantes. (Codiciosa) ¿Dices que han sido muchos?
EL GUARDIA
(Exagerado, hace un gesto uniendo y separando las puntas de los dedos de ambas manos) ¡Así…!
LA ALCALDESA
Pues no te demores, no vayamos a perder la feria por un bobo altercado. Y pide por radio que envíen un operario para colocar esa cinta que has dicho antes en la primera fila de la sala.

El Guardia se va. Los turistas forcejean –sin llegar a mayores- con la Amortajadora y el Enamorado, que acaba por hacer trastabillar a uno de un empujón, cuando éste intenta sacar un primer plano de la frente herida a escasos dos palmos de su amada. Mientras éstos se encaran, la Inspectora Garzón cierra de un carpetazo el portafolio que le han entregado.


LA INSPECTORA CHANEL
Vaya, pues parece que es cierto lo que me han contado y supongo que por ahora no puedo hacer nada para evitar que limpien a la muerta. Tendré que consultar en la Comandancia –o con el Ministro, ¡yo qué sé!- a ver si hay jurisprudencia sobre el protocolo a seguir con resucitados…o zombis.
EL PÁRROCO
¡Santos, por favor!
LA INSPECTORA CHANEL
¡Sea… santos, si lo prefiere! Pero, por Dios, ¿no debieran intentar que la pobre vuelva a su tumba?
EL ENAMORADO
¡Nadie la va a arrancar de mi lado!

Vuelve el Guardia, con un vallado de plástico, que dispone en torno a la Muerta, su Enamorado y la Amortajadora. Salen los turistas.

EL GUARDIA
(A la Alcaldesa) La cinta para el ‘prohibido el paso’ exterior la traen de la central en unos minutos. Espero que con estas vallas sea suficiente aquí.
EL PÁRROCO
Pero, dígame, Inspectora Chanel, nosotros, simples mortales, ¿qué somos, sino instrumentos de la Divina Voluntad? Somos su mano, sus ojos, en ocasiones, pero no somos su Voluntad, su Arbitrio. Él decide y, nosotros, con suerte, obedecemos. ¿Cómo haremos para retornar a su féretro a quien Dios mismo sacó del camposanto? Si ha sido la Divina Voluntad la que hizo a esta mujer caminar hasta aquí, nos quiere decir cómo doblaremos ese designio en sentido contrario.
LA ALCALDESA
O lo que es lo mismo, pero en romano paladín, que se queda donde está.
LA INSPECTORA CHANEL
De momento; de momento. Seguro que hay alguna autoridad civil competente en materia de resurrecciones y ésta acaba en el hoyo. Ya me voy a encargar yo de sacarle el billete de vuelta al cementerio.


EL PÁRROCO
No hay autoridad civil ninguna que pueda decidir sobre los milagros. Y, créame, señora, aquí mismo, en el lugar sagrado que ahora pisan nuestros pies, le aseguro que levantaremos el altar más venerado de la cristiandad, el único con una reliquia de verdad viva, el más pío, el de la Santa de la Encina…
LA INSPECTORA CHANEL
Eso lo dirá usted, lo de sagrado, digo, porque yo, lo que es yo, halo de santidad sobre su cabeza no veo ninguno.

El párroco saca otro papel y se deleita en su contemplación antes de pasárselo a la Inspectora.

EL PÁRROCO
Pues tal vez sirva, entonces, este documento para vencer sus dudas. Es un fax de El Vaticano... Mire, mire el sello, la rúbrica de Su Santidad al pie del texto… Ya está decidido por la curia: ¡la declaran Santa sin previa beatificación!
EL GUARDIA
(Desesperado) ¡AMÉN!

La Inspectora Chanel  hace ostensible su perplejidad mientras lee el papel que le ha pasado el cura. Una vez leído, se lo pasa a la Alcaldesa, mientras habla.

LA INSPECTORA CHANEL
(Leyendo en voz alta) “… y por ello consideramos suficientemente demostrada a día de hoy el origen divino de la resurrección y su capacidad para obrar milagrosas curaciones. De lo cual doy fe y rubrico la aprobación para su santificación,…” en tal sitio, a tantos de tantos, firmado El Papa. ¡Pero esto es un disparate!
EL PÁRROCO
¡El Santo Padre no firma disparates, señora policía! Lo que yo le digo: ¡el más venerado altar de la cristiandad!

En el cambio de escena, el Operario 1 coloca una cinta, con el lema “NO TRASPASAR” repetido una y mil veces, delante de la primera fila del patio de butacas.




3
Noche. Tras las vallas de protección, la Muerta observando como una muerta a la platea. A sus pies yace dormido el Enamorado. Entran Gorri (el duende de las calzas rojas) y Marizuri (la lamia).

GORRI
Mírala. ¿Qué te había dicho? ¡Está muerta! Lleva ya una semana de pie ahí, debajo del árbol, sin moverse, sin comer, enhiesta ante su foto de boda. Tenías que haberla visto cuando llegó: sucia de la tierra de la tumba, de la sangre del disparo.
MARIZURI
¿Y el agujero de la frente?
GORRI
Un disparo a quemarropa.
MARIZURI
(Atravesando el vallado para observarla de cerca) Eso tuvo que doler
GORRI
¡O no…! Seguro que murió al momento!
MARIZURI
¿Y para qué habrá vuelto de su sepulcro?
GORRI
Para lo que vuelven los que vuelven. Como el campesino aquel de cuando la guerra, al que mataron clavándole un hacha entre los hombros. Estuvo aquí cinco meses, con el filo preso en el cuello y la cabeza colgando del tronco.
MARIZURI
(Conteniendo un escalofrío) Algo me han contado, pero  entonces era muy niña y no lo recuerdo. No creo que yo tuviera por aquel entonces ni siquiera treinta años.
GORRI
Yo sí que me acuerdo. Pasaba como con esta. Siempre callado. Siempre bajo el árbol. Descomponiéndose poco a poco. Aquel no tenía una foto de boda, pero colgó de esa misma rama una bandera republicana.
MARIZURI
¡Está tan pálida! En su cuello la piel muestra zonas violáceas.
GORRI
Es que cada mañana viene la Amortajadora a maquillarle la cara. Y fíjate, la han vestido como para ir de excursión.
MARIZURI
¿A ti te sonríe? A mí me está sonriendo
GORRI
Sí, a mí también. Creo que sabe que nosotros dos sí conocemos lo que pretende conseguir ahí, parada bajo la encina.

Se oyen voces. Sin entrar, se oye este breve diálogo:

EL ASESINO
¿Quieres dejar de apuntar la linterna hacia todas partes? ¡Alumbra el camino, leche, que ya es la segunda vez que tropiezo!
LA AMANTE
Es que me da la sensación de que hay ojos que nos espían desde detrás de los arbustos.

En escena:

MARIZURI
¡Vaya, parece que a la Muerta le llegan visitas a altas horas de la madrugada
GORRI
Sí, escondámonos detrás de la encina, que creo que la Chica se ha removido al oír esas voces.

Se esconden.
Entran Rufino, el Asesino, y Laura, su Amante. Con un rápido pase, la linterna recorre el espacio, alumbrando el árbol, el vallado, la Muerta y, a sus pies, el Enamorado, profundamente dormido.

LA AMANTE
¿Era o no era ella?
EL ASESINO
¡Sshh! Baja la voz. ¿No ves que han dejado a un guardia a su lado? Acércate sin hacer ruido un poco más. Alúmbrale la cara… ¡Joder! ¡Menudo agujero le ha quedado en la frente!

La muerta está sonriendo y les mira, desafiante, a la cara.

LA AMANTE
¿Se está riendo, o es a mí, que me lo parece?
EL ASESINO
No me gusta nada esto, nada de nada. Juro que no me gusta, y lo rejuro. ¡Pero si estaba muerta! Tú la viste. Le descerrajé un tiro en la cabeza y no hicieron falta más porque cayó como un saco de piedras al suelo.
LA AMANTE
Y la enterraron, Rufino, vimos cómo enterraban a tu esposa en el cementerio. Ella dentro de un féretro, el féretro clavado, cien paladas de barro sobre el ataúd… ¡Y ella todavía sonríe, mirándonos! Hay que acabar con esto de una vez, o nos perseguirá toda la vida.
EL ASESINO
Bueno, pues pásame el arma, que la voy a volver a llenar de plomo. ¡A ver si es capaz de resucitar dos veces! Y si el tipo se despierta, otro más para el hoyo.
LA AMANTE
(Revolviendo en su bolso) ¡Ay, amor mío, que creo que la he dejado en el coche!
EL ASESINO
¡Pero qué demonios…! ¿No te dije que la cogieras? La puñetera pistola y la linterna. Te dije: Laura, coge la puñetera linterna y la pistola del maletero y vamos pallá.
LA AMANTE
Bueno, pues me la olvidé, ¿qué quieres? Estoy muy pero que muy nerviosa. Pensar que iba a ser cierto, que nos la íbamos a volver a encontrar aquí…

EL ASESINO
Está bien, seamos prácticos. Volvamos y cojámosla. Y tú (a la muerta) deja de sonreír de una puta vez. No se sabe de nadie, salvo los gatos, que lograra salir dos veces de la misma tumba.
LA AMANTE
No le hables así, hombre, que es tu mujer.

Él la mira, perplejo, y, según salen, a sus espaldas hace el gesto de “a esta le falta un tornillo”.
Salen.

MARIZURI
¿Has oído lo mismo que yo?
GORRI
Así que ese es el que la mató.
MARIZURI
Van a volver a matarla otra vez.
GORRI
Marizuri, no digas bobadas. No se puede matar a nadie dos veces.
MARIZURI
A los trasgos y a los tentirujos, sí.
GORRI
Vale, y a los baskardos de Sugarkea quizá también. Pero esta es una muerta normal y corriente.
MARIZURI
Bueno, normal, normal…
GORRI
Quiero decir que es una simple humana.
MARIZURI
En cualquier caso, deberíamos hacer algo, ¿no? ¿Despertamos al chico y le ponemos sobre aviso?
GORRI
¡Claro, para que también a él se lo carguen! Calla un momento.

MARIZURI
O mejor: ¿les echamos un encantamiento para que confundan el camino de vuelta?
GORRI
¡Que calles! Volvamos a escondernos. Viene más gente por el otro lado del camino.
MARIZURI
¡Por Mari de Anboto, qué noche más ajetreada!

Mientras se ocultan, resuena el motor de una furgoneta. Se detiene. Ruido de trastos. Fuera de escena:

OPERARIO 1
Los focos los llevo yo. Tú te encargas del cable. Y luego vas bajando el entramado de madera para el altar.

Entran dos operarios, cargados de bultos. Mientras hablan montan un altar, colocan dos focos sobre la muerta y un biombo con un Sagrado Corazón detrás de ella, a modo de retablo. Despiertan con el ruido al Enamorado, que los ve hacer sin decir nada.

OPERARIO 2
Yo creo que los focos debiéramos colocarlos aquí, uno a cada lado de la mujer. Al tarado este (por el Enamorado) lo sacarán de aquí durante la ceremonia, ¿no?
OPERARIO 1
¡Vete a saber! ¡Para lo que habla…! Ayer, cuando vine a preparar el tendido eléctrico estuve casi cinco horas, con Jaime. El tipo no nos quitó la vista de encima, pero no dijo ni pío. Eso sí, en cuanto nos acercábamos a menos de un metro de la chica, se ponía en medio y nos miraba como si lanzara veneno por los ojos.
OPERARIO 2
¿Será mudo?
OPERARIO 1
¡Qué va! Jaime ha oído en el pueblo que habla, y muy bien, pero que solamente abre la boca para decir que la chica ha salido del foso para estar con él, que es su amor de ultratumba o algo así.
OPERARIO 2
Demasiadas películas de vampiros contra hombres lobo…
OPERARIO 1
¡Ya te digo!

El Operario 1  ha colocado los focos en su lugar.

OPERARIO 2
Vale. Ahí están bien. Enchúfalos al tendido que preparaste ayer, a ver si funcionan correctamente… Ya. Perfecto. Ahora nos ponemos con el altar.

Comienzan a colocar el entramado del altar delante de la muerta, apartando las vallas para facilitar la labor.

OPERARIO 2
De todas formas, yo sigo pensando que no le van a dejar estar aquí mucho más tiempo. Al muchacho, digo.
OPERARIO 1
¿Y eso?
OPERARIO 2
¿Tú sabes cómo se va a poner esto mañana desde primera hora? Obispos, arzobispos, cardenales, uno que viene de Roma… ¡hasta el Rey y el Presidente del Gobierno!
OPERARIO 1
¡Pobre diablo! (Al Enamorado) ¿Sabes que mañana van a hacer santa a tu novia?... Nada. Que digo que si sabes que la van a volver santa… ¡Ni caso!
OPERARIO 2
No merece la pena que le digas nada porque está visto que no va a contestar.
OPERARIO 1
Pues a mí me da lástima. Si es verdad que está enamorado de la zombi, lo van a joder vivo.

OPERARIO 2
(Concluyendo con el altar) Listo. Ahora, el biombo; no… ponlo más atrás, ahí, centrado, con la Muerta delante. Ahí viene la ambulancia de los loqueros, ya se ven las luces destellando al otro lado de la curva del camino. Nosotros, mejor nos callamos.

Empiezan a recoger los bártulos.
En un extremo asoman el Asesino y la Amante, que se mantienen al abrigo de las miradas de los Operarios.

EL ASESINO
¡Mierda! Ya nos han aguado la fiesta.
LA AMANTE
Guarda la pistola, mi vida, que por allí viene una ambulancia con más gente. Igual han decidido llevársela otra vez al cementerio.

La escena se ilumina con las luces rotativas de la ambulancia.

EL ASESINO
Mejor, vámonos. Ya habrá tiempo de volver para rematar la faena.
LA AMANTE
Mi amor…
EL ASESINO
¿Y ahora, qué?
LA AMANTE
No sé. Con todo esto, estás tan, tan frío. Y ella ya no puede impedir que nos amemos…

Tierna, pero apresuradamente, el Asesino besa a su Amante.

EL ASESINO
Son los nervios, cielito. Venga, en marcha. Aquí sobramos.

Salen.
Los operarios siguen con su faena.
Entran una camillera y el Guardia.

EL GUARDIA
Sin demasiados rodeos, ¿de acuerdo? Acabemos con esto cuanto antes, que hay que despejar de pobres diablos el altar por mandato del Obispado.

La camillera, auxiliada por el Guardia, se acerca al Enamorado, llevando en las manos una camisa de fuerza.

CAMILLERA
Borja… Borja te llamas, ¿verdad? Ven con nosotros, Borja.
EL ENAMORADO
Lo siento, señora, pero me tengo que quedar con ella. Es mi amor y debo cuidarla de los peligros que…
EL GUARDIA
Venga, abreviando, que no le vamos a convencer con palabras bonitas. ¿No te das cuenta que está como un sonajero? Lleva ahí parado con esa cantinela más de una semana.
CAMILLERA
Vamos, Borja, que…
EL ENAMORADO
¡Que no me toques, ostia!

Forcejean. Al cabo de un rato, y con unas cuantas imprecaciones de por medio, consiguen inmovilizarlo gracias a la camisa de fuerza. Lo han amordazado. Antes de llevárselo, la Muerta extiende una mano y acaricia, amorosa, su cara.
La Camillera se lleva al Enamorado.

EL GUARDIA
(Abre una silla plegable, coloca un arma sobre sus piernas y saca una revista –el Interviú-) ¡Eh, vosotros! (A los operarios) ¿Creéis que, mientras preparáis todo este tinglado, me podríais prestar uno de esos focos para que lea un poco el Interviú? Con esta luz no veo un ‘cagao’.

Gorri y Marizuri han salido sigilosamente.
Mientras cambian la escena, dos azafatas colocan sendos retratos gigantes de el Rey y el Presidente del Gobierno ante la primera fila del Patio de Butacas.






4

Mañana. El púlpito y, tras él, la Muerta. Aunque es de día, los focos la iluminan. A la derecha, un atril con micrófono y una silla, donde está sentada la Alcaldesa. En primera fila, entre el público, el Alguacil, y frente a todos, los dos retratos del Rey y el Presidente del Gobierno.

LA ALCALDESA
(Poniéndose en pie ante el atril, lee un discurso) Ciudadanos de nuestro municipio que estáis aquí presentes, bienvenidos. Bienvenidos, queridos amigos y amigas que de regiones cercanas y, me consta, también de lejanos países, habéis venido hoy a este humilde valle de nuestra milenaria tierra querida. (Dirigiéndose a las autoridades entre el público) Majestad, Presidente,… Gracias a todos por honrarnos con vuestra presencia en una jornada de gozo ante lo inaudito, lo inesperado, lo, por qué no utilizar la palabra, lo milagroso de esta celebración. En nombre de nuestro  Ayuntamiento,  con la vista clavada en el Cielo de los bienaventurados, os quiero agradecer, como su Alcaldesa, que hayáis aceptado ser testigos de un hecho sin precedente, la santificación de una Mujer resucitada, presente entre nosotros, casi viva.
     Os veo a millares hasta donde alcanza la vista. Y, sí, no es para menos, pues por gracia de Dios, con la aquiescencia del Papa de Roma, padre de la Iglesia y norte moral de la humanidad, hoy asistimos, por primera y única vez, al ascenso a los altares de una Santa en presencia de ella misma. De esta Mujer ni siquiera conocemos el nombre, tan sólo que falleció de mortal disparo entre los ojos, que fue enterrada en católico camposanto y que, al tercer día, resucitó para morar entre nosotros. Héla ahora aquí, de pie bajo el árbol que la cobija, mirando directamente a las honduras más profundas de nuestro corazón, apelando con ojos limpios y serenos a nuestra más íntima intimidad, a esa bondad virginal que todos llevamos dentro.
     Es el nuestro un pueblo afortunado. Lo es la vida de cada uno de nosotros, habitantes de un tiempo materialista que puede asistir, arrobado, a la llegada, quién sabe, de una nueva era. Ahora que podemos presenciar la resurrección de los muertos, la Santa de la Encina parece inaugurar el advenimiento de una época de milagros. El cabildo municipal, conmigo al frente, espera con humildad ser digno de este nuevo tiempo.
     Queridos ciudadanos y ciudadanas, siendo esta una ceremonia esencialmente religiosa, procede en este momento dejar paso a las palabras de los hombres que la Santa Madre Iglesia ha designado para concelebrar la ceremonia de Santificación. Constituyámonos, pues, en Asamblea de creyentes, para santificar este altar, este prado, esta encina y a su Santa.

Aplausos.
La Alcaldesa se sienta. Entran el Párroco y el Obispo.
De entre el griterío suenan vivas entusiastas (“¡Viva la Santa Desconocida!” “¡Viva la Muerta de la encina!”)

EL GUARDIA
(Entre el público) ¡Viva la cuenta corriente de la posadera! ¡Viva los muslos cálidos de la Amortajadora!

Cuando se calman los vítores, el Párroco, ya de pie ante el altar, toma la palabra.

EL PÁRROCO
En pie. Oremos.
Por los dones del día a día en nuestros campos y ciudades, demos gracias al Señor.
TODOS
Te lo agradecemos, Señor.

EL PÁRROCO
Por la bondad y el amor que se despliega en la naturaleza con cada estación, demos gracias al Señor.
TODOS
Te lo agradecemos, Señor.
EL PÁRROCO
Por hacernos dignos de vivir un milagro sin parangón desde que tu Hijo se levantara del santo sepulcro, te damos gracias, Señor.
 Gracias por enseñarnos el camino de la fe, la caridad y el amor que derramas en nuestros corazones.
 Por traernos a la Santa de la Encina, alabemos al Señor.
TODOS
Te alabamos, Señor.
EL PÁRROCO
Podéis sentaros.

También el Párroco se sienta.
El Obispo se sitúa ante el altar.

EL OBISPO
Y vio Jesús a Lázaro en su tumba y pensó que era justo y necesario que volviera a caminar entre sus hermanas, que allí lloraban su muerte. Le dijo “camina, Lázaro”, y Lázaro caminó. También a nuestra Santa del Árbol debió acercarse un día el Hijo de Dios y le ordenó caminar, pues caminando llegó a estas tierras.
Os preguntaréis: ¿por qué ella?, ¿por qué esa mujer entre millones de tumbas ocupadas, tal vez, por vírgenes más piadosas, hombres con mayor mérito? Y yo os digo que no os lo preguntéis. ¿Acaso nosotros, simples mortales, seremos capaces de entender los designios del Creador? La mano de Dios conformó el Mundo, lo sigue moldeando según su recta sabiduría, su perfecta omnisciencia, su infinita misericordia.
Hoy hemos venido aquí a santificar a esta mujer porque no ya sólo obra milagros con su presencia, sino que su simple presencia es ya un milagro. El Papa de Roma, guía de los católicos, así lo ha establecido: sea Santa la Muerta y reconozcan los vivos sus méritos, pues si Dios la ha elegido, aunque nada sepamos de ella, grandes ha de poseerlos.

El obispo se sienta.
El Párroco se coloca ante el altar.

EL PÁRROCO
En pie. Cantemos:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de las Alturas,
Llenos están el Cielo y la Tierra
De tu Gloria.
EL OBISPO
(Otra vez ante el altar) Tras la Santa Cena el Hijo del Padre tomó pan y, partiéndolo, dijo a sus Apóstoles: “Tomad y comed, pues este pan es mi cuerpo, un simple vehículo donde mora mi alma, que a vosotros tornará después de mi muerte”.
Y levantó su copa para decir: “Tomad y bebed, pues este vino es mi sangre, sangre que será derramada para limpiar las ofensas del Mundo”.
Sea hoy este vino (alza un cáliz) trasunto de la sangre de nuestra Santa del árbol, resurrecta como el Hijo de Dios, para limpiar las ofensas de este tiempo materialista. Bebed conmigo.

Bebe y pasa la copa al párroco.

EL OBISPO
Sea hoy este pan ázimo (alza una gran ostia) símbolo de su carne, pues si la carne es casa del alma, y la de la Santa voló al Cielo, no ha de ser sino el Espíritu Santo mismo quien la ha puesto en pie y, desde su sepulcro, nos la ha traído. Comed conmigo.

Come. El Párroco ofrece la comunión a la Alcaldesa y, a su vez, comulga.


TODOS
(Cantan)
Juntos como hermanos
Miembros de una Iglesia
Vamos caminando
Al encuentro del Señor.
EL OBISPO
(Ante el altar) Oremos en silencio.

Un minuto de pausa recogida

EL OBISPO
Hermanos, por la autoridad que Su Santidad el Papa me ha otorgado, investido hoy aquí del poder de la Curia que sobre el asunto se ha pronunciado unánimemente, declaro a esta joven renacida como Santa Anónima de la Encina. Sea celebrado en adelante su nombre y récese en advocación del mismo. Podéis daros la paz.

Los asistentes se dan la mano. En el patio de butacas hacen lo mismo los intérpretes que se han situado entre el público. Asperjando el lugar con un hisopo, el Obispo retoma la palabra.

EL OBISPO
En honor a Santa Anónima se erigirá aquí un altar permanente y será este un lugar consagrado con esta agua bendecida por el Santo Padre. Por encargo suyo y en presencia de las autoridades civiles, yo, su Obispo en esta provincia, bendigo el prado, la encina y a la Santa. Que Ella nos bendiga a todos.

EL PÁRROCO
Podéis ir en paz.

La gente se va retirando. Mientras lo hacen, el runrún del gentío es interrumpido por varios vivas: “¡Viva la virgen Muerta!” “¡Viva la Encina bendita!”, “¡Viva la Santa Esperanza!”

EL GUARDIA
¡Viva el álbum de fotos de la boda! ¡Viva el negro agujero de la frente!




5


La Muerta bajo la encina. Entran el Albañil y el Pinche. El Albañil lleva una carretilla con ladrillos y herramientas propias de su gremio; el Pinche, un balde con cemento. Comienzan a trabajar mientras hablan: levantan un muro alrededor de la Santa y de su Encina.
En escena hay un soporte con un gran plano.
 La Amortajadora está maquillando a la Santa.

EL ALBAÑIL
(Consultando el plano) Según esto, hay que hacer la primera pared lateral de doce metros de largo por dos de alto.
EL PINCHE
Ya lo veo en el plano, pero no sé… esto que estamos haciendo es poco más que una barraca, ¿no te parece?
EL ALBAÑIL
Hombre, pues un poco pobre sí que queda, pero es que el Obispo se ha negado a que se excaven cimientos. Dice que, con la Santa aquí presente, no van a meter excavadoras, no sea que haya que lamentar un accidente y ésta acabe… ¡Uy!, casi digo “muerta”.
EL PINCHE
Entonces, ¿ni siquiera nos van a dejar usar un martillo neumático? Si colocamos cuatro columnas, una en cada extremo, el conjunto quedaría mucho más seguro.
EL ALBAÑIL
El plan es hacer un tejadillo para la muerta justo delante del árbol, poco más. La iglesia para su culto la van a levantar cien metros más allá, donde está sentado ese señor de gafas; tal vez para ese día hayan averiguado ya cómo mover a la Santa hasta allá.
EL PINCHE
(Mirando a la Santa) ¡Si ya camina!


EL ALBAÑIL
Eso dicen, pero vete a saber. En realidad, se supone que aquí llegó sola pero no vas a encontrar a nadie que asegure que la ha visto dar un solo paso.

EL PINCHE
¿Y la encina?
EL ALBAÑIL
Pretenden moverlo allí todo: la foto, el árbol, a la Santa,… Si es que lo es, quiero decir.
EL PINCHE
¿A qué te refieres?
EL ALBAÑIL
Acércate conmigo. (Se colocan a un metro de la Muerta) Mírala bien: con esa pinta de muerta que tiene, con la piel más azul cada día que pasa, y con ese pedazo agujero en la frente… ¡Muchas trazas de santa no tiene!

La Amortajadora se une a la conversación.

LA AMORTAJADORA
…y suda.
EL ALBAÑIL
¿Qué dices, Clara?
LA AMORTAJADORA
Que suda. Si no me creéis, venid aquí a oler.

Clara levanta el brazo de la Muerta y los obreros meten la nariz en el santo sobaco.

EL PINCHE
¡Menuda peste!
LA AMORTAJADORA
Lo que yo os decía. A ésta tal vez le haya tocado Dios con su Gracia, pero no sé si va a aguantar mucho bajo este sol de verano. Vale lo que le pasaba hasta ahora, que se fuera descomponiendo como es usual en todos los muertos, que le hayan salido incluso algunos gusanos aquí en la tripa, mirad (le levanta la blusa).
EL PINCHE
¡Por favor, tápala! ¡Qué asco!
LA AMORTAJADORA
Vale todo eso, pero lo peor, digo, es que suda.
EL ALBAÑIL
Había oído que a los muertos les seguían creciendo las uñas y el pelo en la tumba, pero sudar, sudar, ¡eso es nuevo!
LA AMORTAJADORA
Pues suda como el culpable ante la horca. No hay manera de que le dure el maquillaje. ¡Y anda que me esfuerzo! Me paso aquí  todos los días dos horas acicalándola y no hago carrera. Se le corre el rímel, se le aja el colorete,… ¡todo por el maldito sudor! Yo creo que ésta se les va a descomponer en un par de días.

Entra el Guardia.

EL GUARDIA
Reina de los Pintalabios, dirán que es su sangre licuada. Para eso los curas siempre tienen alguna explicación.
EL PINCHE
Un milagro, diría yo.
EL ALBAÑIL
Un misterio, más bien.
EL GUARDIA
¡Sudor! Un misterio está bien, pero tantos… (A Clara) ¿Tú qué dices, guapísima? ¿Suda como santa, como muerta o como zombi?

La Amortajadora se lo piensa

LA AMORTAJADORA
Suda: eso es todo. ¿Sé yo, acaso, de santos?
EL GUARDIA
Corazón, en el pueblo dicen que tú eres la que más sabe de muertos vivientes. El médico sabe de vivos y de cómo se mueren los vivos. El enterrador entiende de difuntos que, formalitos y sin ningún escándalo, se quedan en sus tumbas. A ti te han convertido en la encargada de las muertas que cuelgan cuadros de boda bajo las encinas.

EL ALBAÑIL
Eso, Clara, ¿cómo lo ves tú? ¿Es, o no, santa?
LA AMORTAJADORA
Esta noche hay sesión de baile en la plaza del pueblo.
EL PINCHE
¡Eh, no te vayas por las ramas! ¿Es santa la Santa?
LA AMORTAJADORA
Ante nosotros el secreto de la paella: si dejamos cocer el arroz más de veinte minutos, se pasa.
EL GUARDIA
Venga, Clara, si nos dices cómo lo ves, te llevo esta noche al baile y mañana te preparo paella.
LA AMORTAJADORA
¡Una cita! (Canta tonteando)
¿Qué sabe nadie
Si es bruja la santa que anda?
¿Qué sabe nadie
Si es Santa porque lo dice el cura?

Los operarios regresan a su trabajo en el muro.

LA AMORTAJADORA
¿Qué sabe nadie
Si de mi amor no cabe duda?
Si de verdad me gustas…
¿Qué sabe nadie?
¿Qué sabe nadie?

El Guardia y la Amortajadora se besan.


LA AMORTAJADORA
Si no pasáramos tanto tiempo cuidándola juntos, ni siquiera te hubieras fijado en mí.
EL GUARDIA
Santa alcahueta, entonces. Nos mira la casamentera de la encina. ¡Dios te salve, patrona de los arrumacos!
LA AMORTAJADORA
Debieras mostrarle un poco más de respeto. Nuestra pasión florece, precisamente, ante esos ojos.
EL GUARDIA
¿Y si es sonámbula, amor mío?
LA AMORTAJADORA
¡Va a ser eso!
EL GUARDIA
En serio. Hay tantas posibilidades de que sea santa y resucitada como de que se trate de muerta y sonámbula. Puestos a hablar de misterios, un milagro como otro cualquiera.
LA AMORTAJADORA
¡Fermín, que le están haciendo ermita!
EL GUARDIA
¡Mejor diría chabola!
LA AMORTAJADORA
Aquí, ermita, y más allá, donde se sienta la rubia teñida, iglesia.
EL GUARDIA
¡A ti te hacía yo iglesia! Tú hueles a rosa y ésta, ésta, mi amor,… vamos tras los jazmines a querernos respirando colonias menos agrias.
LA AMORTAJADORA
Ya voy, mi vida, a olerte, a quererte, a comerte…

Salen por una esquina.

EL PINCHE
¿Los has visto?

EL ALBAÑIL
A mí me daría como cosa.
EL PINCHE
¿El qué?
EL ALBAÑIL
La chica, esa Clara. Que no te digo yo que no, que polvo y tres cuartos tiene, pero andando todo el día entre muertos, maquillándolos, peinándolos, tocándolos,… ¡Esas manos…! Me da un escalofrío sólo de pensarlo
EL PINCHE
Lo que tú digas, todo el día entre muertos, pero ahora seguro que esas manos andan enredando en la parte más viva del guardia… ¿Qué, jefe, ahora que no hay nadie por aquí, te parece que nos echemos una siestecita al otro lado del prado?
EL ALBAÑIL
Claro que sí, hombre; pero yo sólo un cigarrillo y una meadita Tú tómate un descanso. ¿Acaso no somos funcionarios municipales? Pues eso: ¡que se vive sólo una vez!

Ambos miran a la de la encina y se dan cuenta de la ironía no buscada.

EL ALBAÑIL
(Por el escalofrío que han compartido) Deja eso y vamos.

Salen.
Entra el Enamorado, con Marizuri y Gorri flanqueándolo.

GORRI
Este es el momento, ahora no hay nadie con ella.
MARIZURI
Vamos, Borja, desnúdate, que te untaremos con el aceite de la invisibilidad.
EL ENAMORADO
No sé yo, aquí, delante de ella,…

Lo van desnudando mientras hablan.

MARIZURI
¡O desnudo ante ella, o visible para todos!, tú eliges. Esta pomada esconde la piel, el pelo, los ojos, los dientes. Pero nuestros libros mágicos no contienen la fórmula de bálsamo alguno para camuflar camisa y pantalones, así que tú mismo. Y date prisa, que a la peluquera y al alguacil poco les va a durar el calentón.
GORRI
Y tu amada necesita un protector.

Desnudo, extienden el aceite por todo su cuerpo.

MARIZURI
Para eso te hemos sacado del sanatorio mental. Últimamente pasa demasiada gente por aquí: unos que la quieren de santa, otros de gallina de los huevos de oro, otros… ¡otros, doblemente muerta! En fin, que ella necesita de alguien que la quiera, sin más.
EL ENAMORADO
¿Eso era ese lugar, un sanatorio mental?
GORRI
Hay gente que ve, como ella, más allá de la vista. Otros no deben ser vistos; ése es nuestro caso.
EL ENAMORADO
¿Y el mío, cuál es mi caso?
MARIZURI
Tú miras y la ves a ella como está en su retrato. Para ti no tiene pústulas, no tiene gusanos. No suda.
EL ENAMORADO
¡Un manicomio! Estoy loco, por tanto.
GORRI
En serio, no merece la pena que le des más vueltas a esa idea. Yo soy un duende y ¿tú me ves acomplejado por eso? Loco, seta, duende, ¿qué más da?



EL ENAMORADO
Seguro que estoy como una cabra. Aquí ando, en cueros, mientras me untan cremita en mis partes un duende vestido de lucha libre y una lamia.
MARIZURI
Te convencerás por ti mismo. Si nosotros no somos quienes decimos ser, llegará la gente, te verá desnudo y acabarás de vuelta en el sanatorio. Pero piénsalo un momento: si hay muertas que resucitan, ¿por qué no ibamos a existir hadas y gnomos?
GORRI
(Acabando de extender la pomada) Y, con esto, acabamos… ¡Invisible del todo totalmente!
MARIZURI
Ahí llega la prueba que querías, muchacho. Y nos vamos, que a nosotros sí pueden vernos.

Apresurándose, salen Gorri y Marizuri.
Por un lado entra la Alcaldesa y, por el otro, la Amortajadora, acabando de componerse la ropa. Se paran, sorprendidas: una, de ver allí a la Alcaldesa; la otra, de ver a Clara alisando su vestido.

LA AMORTAJADORA
(Dándose unos golpecitos en la tripa) Por Dios, creí que me lo iba a hacer encima… ¡Desde luego, qué a gusto se queda una!
LA ALCALDESA
Pero, niña, ¿has dejado sola a la Santa?
LA AMORTAJADORA
¡Es que me estaban dando unos retortijones!

Mientras hablan, el Enamorado da vueltas a su alrededor, gesticulando, brincando, pero ninguna lo ve.

LA AMORTAJADORA
Bueno, y ahora a seguir con la tarea.

Prosigue con el maquillaje de la muerta.

LA ALCALDESA
(Señalando a la Santa, preocupada) Cada vez está peor, ¿no?
LA AMORTAJADORA
¡No sé ni cómo se aguanta en pie! Si por dentro tiene los huesos como empieza a tener ya el cuerpo, cualquier día se nos cae al suelo, desmochada, las rodillas carcomidas. Acérquese a ver esto, por favor.

La Alcaldesa se acerca. El Enamorado, a su lado, también. La Amortajadora levanta la camisa de la difunta, dejando al aire la tripa horadada por los gusanos.

LA ALCALDESA
(Santiguándose) ¡Jesús!
EL GUARDIA
(Entrando) Se le pudre el negocio, jefa.

Entran el albañil y el pinche.

LA ALCALDESA
(A los obreros) Y vosotros, ¿dónde os habíais metido?

Ambos se dan unos golpecitos en la tripa, como hizo antes la Amortajadora.

LA ALCALDESA
Sí, claro, cómo no. El campo, ¡que os suelta el esfínter a todos…! Ea, daos prisa con los muros de la ermita.

EL GUARDIA
(A los obreros, secreteando) Eso, apuraos, que como no abra pronto la pescadería, se va a pudrir la sirena.

Mientras tanto, el Enamorado se ha vuelto a colocar junto a la Santa, que le da la mano.

EL ENAMORADO
(A media voz, a la Santa) Yo te cuidaré mi vida, yo te cuidaré.
LA AMORTAJADORA
(Creyendo que eso se lo ha dicho el Alguacil a ella) Y yo a ti, mi amor.
EL GUARDIA
(Sólo para ella) ¿Tú a mí qué, preciosa?
LA AMORTAJADORA
Que yo también te cuidaré.

El Guardia se rasca la cabeza sin entender. Mira a la Amortajadora, a la Muerta y al Enamorado, a quien, por supuesto, no ve.

EL GUARDIA
(A la Amortajadora, encogiéndose de hombros) Si tú lo dices… (A la alcaldesa) Y qué, Primera Edil, ¿cómo marcha el negocio de la Santa?
LA ALCALDESA
¿Qué negocio?
EL GUARDIA
La posada llena, el restaurante dando cien menús al día, la tiendecita de “Recuerdos de la Santa” que ha puesto Ramona Castañiza… ¡Ese negocio!
LA ALCALDESA
El Señor nos ha enviado un regalo y el pueblo ha de ser hospitalario con los turistas.
EL GUARDIA
Claro
LA ALCALDESA
La Iglesia recibe sus donativos.
EL GUARDIA
Y hay que aprovecharse.
LA AMORTAJADORA
¡Fermín, cariño, que es la Alcaldesa…!

EL GUARDIA
¡Alcaldesa…! Directora de una orquesta que toca “Balada para una zombi santa”, sinfonía en tres movimientos: ver, cobrar, enriquecernos.
LA ALCALDESA
Déjale, Dora. Nos conocemos desde niños y ha sido así siempre, un descreído. No vas a cambiarle tú ahora. Y, por cierto, eso de “Fermín, cariño”… ¿Vosotros dos no andaréis…?
LA AMORTAJADORA
Una forma de hablar: cariño, amigo, compañero… ¡ya sabe!
LA ALCALDESA
O sea, que estáis liados. Ahora me explico lo de tus retortijones. En fin, tortolitos, yo sólo había venido a ver cómo andaba la Santa. Tened cuidado, no la escandalicéis toqueteándoos delante de ella. (Empieza a salir) Ahora estáis en lugar sagrado, recordadlo. Y abrid bien los ojos, que dicen que el hijo de Cosme se ha fugado del manicomio. Seguro que acabará viniendo por aquí.

La Alcaldesa sale.

EL ALBAÑIL
Vaya, parece que os ha pillado la jefa.
EL GUARDIA
Tú a lo tuyo, paleta. ¡A ver si sois capaces de acabar la puñetera chabola de la muerta antes de que se descomponga del todo!

El Guardia mira a la Muerta, que parece devolverle la mirada.

EL GUARDIA
(A la muerta) ¡Y tú, qué coño estarás esperando que pase, ahí pasmada debajo del árbol un día tras otro?!









6

Lentamente, va anocheciendo.
. El árbol, los muros en construcción, el retrato, la Muerta y, a sus pies, dormido, el desnudo e invisible Enamorado.
 En una esquina, con una revista caída a sus pies, el alguacil, que poco a poco se va quedando dormido. Cuando empieza a roncar, entran el Asesino y la Amante.

LA AMANTE
¿Ves? Sólo dejan un guardia por las noches. Y éste, la verdad, duerme a pierna suelta.
EL ASESINO
¿Has traído el cloroformo?
LA AMANTE
Sí. Espera, que primero me descalzo para no hacer ruido… Empapo el pañuelo de somnífero y allá voy. Ahora, calladito, que como se despierte, la liamos.

Mientras la Amante se acerca sigilosamente hasta el Guardia, el Enamorado despierta y observa, indeciso, la escena.
La Amante coloca el paño bajo la nariz del Alguacil, apretando cada vez un poco más, hasta que el hombre  da muestras de estar ya bajo los efectos del somnífero.

LA AMANTE
Abreviemos, dispárale de una vez y acabemos con esto.
EL ASESINO
Tranquila, mi Amor. Con ése dormido, tenemos toda la noche para nosotros. (Se acerca a la Muerta) ¡Si hasta sonríe la muy puta!

LA AMANTE
¡Rufino, por Dios, date prisa!
EL ASESINO
Un segundo, que aquí la santa y yo tenemos pendientes unas palabritas. (A la muerta) Y bien, querida, ¡menuda la has armado! No te podías haber quedado en la tumba, no, tenías que salir y plantarte aquí, con tu agujero en la cabeza para recordarle al mundo que tu asesino merecía un castigo, ¿eh? Te han hecho Santa, nada menos.  ¡Santa Anónima de la Encina! ¡Y qué sabrán ellos de ti! Esa cohorte que te venera cada día, que te trae flores y eleva plegarias en tu altar, esos peregrinos que llegan desde el otro lado de la frontera a pedirte que cures las llagas de los pustulosos, las piernas de los paralíticos, esas madres que te ruegan que salves del cáncer a sus hijas, ¿qué saben de ti todos ellos?
LA AMANTE
¡Esto no conduce a ninguna parte, Rufino!

Entran Marizuri y Gorri, sosteniendo a la Inspectora Garzón, dormida y en pijama, presa de un encantamiento.
Procuran no ser vistos.

GORRI
Tenías razón, Marizuri, al final era esta noche cuando volverían, y les vamos a pillar con las manos en la masa.
MARIZURI
Rápido, apártate, que no ha de vernos cuando pronuncie las palabras mágicas que van a despertar a la Inspectora.

Gorri sale.

EL ASESINO
(A la Muerta) Ninguna de estas personas sabe quién eres ni qué hacías. ¡Una puta! ¡La reina de las meretrices! La más puta de las putas, porque tú engañabas a las jovencitas para que vinieran a mí… La gran alcahueta, eso eras tú, la que llenaba mi despensa de carne fresca y mis bolsillos de dinero.


MARIZURI
(Pronunciando el ensalmo que despertará a la Inspectora)
¡Esnatu, alerta!
¡Sal del sueño
Y permanece atenta!
EL ASESINO
A ti se te ocurrió el gran negocio, jovencitas colombianas, bolivianas, chilenitas preciosas que hablaban nuestro idioma, pobrecitas que dejarían su país, a su familia, a sus hijos, a cambio de un trabajo en un bar de España, en la casa de una familia pudiente, en el servicio de limpieza de una fábrica. ¡Dios mío, cómo las embaucabas, qué bien mentías! Cómo te adoraba cuando lo hacías, cómo admiraba tu perfecto dominio de la mentira, tu habilidad para el embuste…

Marizuri irá saliendo a medida que complete su mágico encantamiento.

MARIZURI
¡Esnatu, despierta!
EL ASESINO
Eras el alma de un negocio floreciente. Dos años de trabajo gratuito para pagar “el viaje y los gastos de alojamiento y manutención”. Como una mafia rusa, nosotros, dos paletos de La Mancha, como si fuéramos el capo de Moscú y la madame del mayor puticlub de Sebastopol. Primero nuestro pequeño burdel, tu hotelito del amor, como lo llamabas. ¡Joder, qué arranques literarios te daban a veces! “Hotelito del amor”, cómo dominabas las palabras…
MARIZURI
¡Vuelve al mundo…
EL ASESINO
…y en dos años, diez burdeles, diez de tus hotelitos junto a diez gasolineras en las principales rutas de transporte al extranjero. ¿Para qué coño querías que nos casáramos? ¿A qué vino lo de pedirme en la misma noche de bodas que los vendiéramos todos? ¡Nadie cierra una mina de oro, joder!
MARIZURI
(Ya fuera de escena)
…y aplaca la respuesta!
EL ASESINO
Un año entero dando la murga con lo de cerrar el negocio; ni un solo viaje al otro lado del mar en busca de carne fresca…Y lo de pagarles el billete de vuelta a Colombia a esas tres crías ya fue demasiado. ¿Y qué si eran menores de edad? ¿Cuándo habíamos fundado tú y yo una oenegé?

La Inspectora Garzón despierta y parece desorientada. Poco a poco se irá haciendo cargo de la situación.

LA AMANTE
(Acercándose a la Muerta) ¡Vamos, Rufino, esto se alarga demasiado!


EL ASESINO
Pues, ya ves, al final no me dejaste otra salida que quitarte de en medio. Eras una diosa del amor y te convertiste en una idiota arrepentida. Y al final siempre llega una princesa para ocupar la corona de una reina destronada.

La Amante ha agarrado a la Santa. La zarandea.

LA AMANTE
(Señalando la frente de la Muerta) Venga, aquí, ¡aprieta el gatillo de una vez!
EL ASESINO
Te voy a volver a matar. Tal vez las víboras testarudas como tú deban morir dos veces para dejar que los vivos puedan vivir en paz. Inventaste un negocio floreciente y habías decidido dejar que se marchitase. “Conciencia”, decías, “que ahora tenías conciencia” Que ahora ya teníamos suficiente, que ya no necesitábamos más dinero. ¿Diez veces deberé matarte hasta que no te quede nada de esa conciencia tuya? ¿Es ella la que te mantiene en pie? ¡Pues mil veces os mataré, a ti y a ella, si es necesario! Como ves, a ti y a tu conciencia ya os he sustituido. ¿Y sabes qué? Esta no pide nada, sólo da; no pregunta, es dócil, es perfecta…Tú misma la trajiste. De ti ha aprendido. ¡Y cómo! Ostia, si creo que hasta le quiero.

El Asesino alza la pistola, apuntando.


LA AMANTE
¡Ahora, mi amor, dispara!

La Inspectora Garzón sale, en pijama y desarmada, de donde las sombras le protegían.

LA INSPECTORA GARZÓN
¡Alto ahí, en nombre de la Ley!
LA AMANTE
(Al Asesino, que parece dudar) ¡Ya te lo dije! ¡Acaba de una vez, que la loca del pijama está desarmada!

Tras un momento de duda durante el cual el Asesino vuelve atrás la mirada, valorando la situación, gira la cabeza y el cuerpo apuntando de nuevo a la Muerta.

EL ASESINO
¡Qué demonios!

Justo cuando va a disparar, el Enamorado grita “¡NO!” y empuja a la Amante delante de la Muerta. Será Laura, por tanto, quien reciba el impacto de la bala.

EL ASESINO
(Corriendo a socorrer a la Amante) ¡A ti no!... ¿Qué ha sido esa voz de hombre gritando “no”?... A ti no… Mi gatita pequeña… Te he dado a ti… No tenías que haber sido tú…

La Inspectora ha aprovechado el momento de desorientación del Asesino para correr hasta el lugar donde se halla dormido el Alguacil. Ha cogido la pistola de éste y, con ella, se aproxima poco a poco al Asesino.



EL ASESINO
(A la Muerta) ¿Qué le has hecho? ¿Qué nos has hecho a los dos? ¡Maldita seas una y mil veces! Era tan dulce, tan apasionada… Pedía tan poquito… Mientras tú lo llenabas todo de exigencias, ella me buscaba en los rincones del club, me besaba en los reservados, me acunaba con dulces palabras tras saciarme, tras saciarnos, y ahora yo… no, tú, ¡tú la has matado! (Vuelve a levantar el arma en dirección a la Muerta) He venido a acabar contigo y no me iré sin hacerlo.
LA INSPECTORA GARZÓN
(A una prudente distancia, amenaza con la pistola del guardia en las manos) ¡Baje esa pistola y entréguese! ¡Soy policía!
EL ASESINO
Me enseñaste a vivir como un rey y querías tirarlo todo a la basura. ¡Por tu puñetera conciencia! ¿Acaso viven las personas como ella de tu conciencia, de la conciencia de nadie? (A la Inspectora Garzón) Entiéndalo, señora policía, es una cuestión de justicia.
LA INSPECTORA GARZÓN
¡Le ordeno que deponga el arma y se entregue!
EL ASESINO
¡A la mierda con todo!

Dispara a la muerta, que acusa el impacto cayendo entre los brazos del Enamorado, que la recoge y acuna.

EL ASESINO
(A la Inspectora) Y ahora, tú.

Se da la vuelta y apunta a la Inspectora. Ella es más rápida. Suena un disparo. El hombre se derrumba agarrándose el pecho, del cual comienza a manar sangre.

EL ASESINO
(Agonizante) ¡Sólo… quería…conservar… mi… reino!

El Alguacil despierta, todavía aturdido. La Inspectora Garzón está taponando la herida del hombre, tras haberle desarmado.

EL ALGUACIL
(Desorientado) ¡Pero qué…? ¿Qué hace usted con mi pistola?

LA INSPECTORA GARZÓN
¡Ya era hora de que despertases, joder! Soy la Inspectora Garzón.
EL ALGUACIL
¡Anda, es verdad! Perdone, pero es que así no la había reconocido. ¿Qué hace aquí en pijama?
LA INSPECTORA GARZÓN
¿Es que una deja de ser policía cuando se mete en la cama?... Vale, está bien, yo tampoco me explico qué hago aquí, a estas hora, con dos muertas y otro desangrándose pero… ¿tiene usted teléfono móvil?
EL ALGUACIL
(Mostrándolo) Éste.
LA INSPECTORA GARZÓN
¡¿Pues a qué está esperando para pedir una ambulancia?!

Mientras el Alguacil marca, un foco sigue a Marizuri y Gorri, que ocupan un extremo del frontal del escenario. Mientras ellos hablan, el telón se irá cerrando, quedando únicamente ambos dos ante el público, iluminados por un foco.












PICO


MARIZURI
(Como si allí no hubiera pasado nada) No me acabaste de contar la historia del campesino con el hacha clavada en el cuello.
GORRI
Pues lo haré ahora… De esto han pasado más de setenta veranos. En aquella época el campo se trabajaba con azadas y escardillos, pues aún no conocían por aquí ni tractores ni cosechadoras.
Hubo un labriego del pueblo que se llamaba Román. Román había enviudado cinco años antes, quedando dos hijos con él en el caserío. Sucedió que uno de ellos, el primogénito, marchó al poco tiempo a cumplir su servicio militar a tierras aragonesas.  Su nombre era Roque. Allí le cogió la Guerra Civil, quedando su regimiento del lado republicano. Durante la Batalla del Ebro fue hecho preso y de él no se tuvieron noticias en el pueblo durante años. Todos le dieron por muerto. Los que sí habían fallecido, sin embargo, eran todos los compañeros del regimiento con el cual libró la Batalla, y él se negó a desvelar su verdadera identidad, a fin de evitar que a su familia se la relacionase con el bando perdedor de la guerra. Así que Roque pasó mucho, mucho tiempo, primero en una prisión y después en un campo de trabajo, oculto tras el nombre de un compañero caído, huérfano, sin familia que lo reclamase, llamado Benjamín Seisdedos.
En ese tiempo, su hermano menor, Gonzalo, se casó con una joven del pueblo, Catalina, la cual no era sino la que antes de la guerra fue novia del hermano mayor. No diré yo que fuese aquél un matrimonio feliz y, ciertamente, no habían tenido hijos todavía para la fecha en que Román, el padre, murió, dejando como heredero del caserío al único hijo que todos consideraban vivo.
MARIZURI
Pero Roque no había muerto.
GORRI
No. Acabó volviendo dos años después de celebrada la boda entre su hermano y su antigua novia. Tenía la cara desfigurada por las heridas recibidas en combate. Estaba irreconocible.
MARIZURI
Y al volver se encontró a su padre muerto y al hermano menor como dueño de la casa y de las tierras.
GORRI
Y casado con Catalina, no lo olvides.
MARIZURI
¡No me digas más, el hermano mayor le clavó el hacha al pequeño como venganza!
GORRI
Sucedió, justamente, al contrario. Roque volvió de noche, sin pasar siquiera por el pueblo. Fue al llegar al caserío cuando Gonzalo, a quien le costó reconocer en aquella cara a su propio hermano, le explicó lo sucedido durante los años que duró su falta: la pena por la muerte del padre, su boda con Catalina, unidos ambos por entonces por una ausencia común, la suya, la herencia de la casa y de las tierras. Gonzalo insistió en que debiera estarle agradecido puesto que él había mantenido intacta la heredad y se había hecho cargo de su propia novia, a quien ya le habían salido varios pretendientes.
MARIZURI
Pero con esa explicación no fue suficiente, al parecer.
GORRI
Roque ofreció a su hermano no reclamarle ni el hogar ni el labrantío, pero quería a la joven… y ella lo quería a él. Gonzalo vio cómo su esposa empaquetaba sus pertenencias aquella noche y, antes del amanecer, dejaba la casa del brazo de su hermano mayor. ¿En qué momento se desató la furia en su interior? Los duendes que conocimos esta historia fuimos entonces, y todavía lo somos hoy, incapaces de decidir si fue la vergüenza de perder a su mujer lo que volvió loco a Gonzalo, puesto que todos coincidimos en que después de aquello querer, lo que es querer, ya nunca la quiso. El caso es que salió tras los amantes y, a escasos cien metros del caserío, de un certero y único golpe, dejó clavada el hacha con que cortaba la leña en el cuello de Roque.
MARIZURI
¡Madre Mari! ¿Y qué pasó con Catalina?
GORRI
Gonzalo la encerró en el sótano de la casa, y durante meses no se volvió a saber nada de ella. A los del pueblo les dijo una verdad a medias: que Catalina le había abandonado, lo cual, al menos en propósito, había sido cierto.
MARIZURI
¿Y el hermano mayor?, ¿qué hizo con él?
GORRI
Cavó una tumba en medio del maizal y allí lo sepultó.
Exactamente tres noches más tarde, Roque abandonó su sepulcro y se vino hasta esta misma encina, donde permaneció quieto, muerto y silencioso, a lo largo de todo aquel verano. Y anónimo, como esta otra. Sus propios vecinos no fueron capaces de reconocerle, pues las heridas de guerra habían transformado totalmente su fisonomía. Y, la verdad, con la cabeza colgando, era tan dantesca su imagen que nadie se quedaba contemplándola el tiempo suficiente como para atisbar la identidad conocida que se escondía tras aquellos rasgos desfigurados.

La escena se va aclarando poco a poco, a medida que el telón se descorre.
Donde antes estuviera la Santa Muerta, ahora aparecen, de la mano, la Amante y el Asesino, mirando a la platea como los muertos miran.

GORRI
Imagina la perplejidad de los lugareños. Con ese hombre allí, de pie, pudriéndose día tras día, un perfecto desconocido por culpa de su rostro herido,… No se atribuyó a Dios el milagro, sino al Demonio, y encima estaba lo de la bandera republicana colgando del árbol. ¡Para qué signo más satánico que aquél en pleno franquismo! Pusieron a una pareja de la Guardia Civil en el camino para que la gente no se acercase a aquel cadáver que, aunque nadie lo entendiese, estaba allí reclamando, como una herida abierta, justicia.
MARIZURI
Acabaría pudriéndose.
GORRI
Por poco no lo hizo. A finales de aquel otoño, cinco meses después del asesinato, Catalina logró escapar del sótano donde la había encerrado su marido, y vino hasta este mismo lugar. La Guardia Civil la sorprendió llorando a los pies del supuesto demonio. Cuando consiguieron que se calmara, les contó toda la historia. Prendieron al menor de los hermanos, y aquella misma noche Roque desapareció para siempre… la bandera y Catalina con él.


MARIZURI
Pues ahora están esos dos bajo el árbol. El Asesino y su Amante. Si he entendido bien tu historia, a la encina vienen los muertos a esperar justicia. ¿Cuál es la que éstos reclaman, si mataron y remataron a la Santa del árbol?
GORRI
¡Cualquiera sabe! Tal vez nos estén preguntando a todos si la muerte es el castigo adecuado para un amor homicida.
MARIZURI
O quizá esperan a que se descubra que fue el Enamorado quien puso a la Amante del Asesino en la trayectoria de la bala. O que acusen a la Inspectora Garzón por haber matado a alguien que, a fin de cuentas, sólo disparaba contra una persona ya fallecida.
GORRI
Pues todo es posible. Supongo que hay historias que terminan con un final abierto. (Se levantan y comienzan a retirarse, al tiempo que el telón se va cerrando) O a lo mejor la lista de la culpa sea tan larga que nunca encuentra final: a un crimen sucede otro; a este otro, una venganza; a la venganza le adjudican un castigo desmesurado… Igual es que la de la zombi santa sea una de esas historias. Incluso puede que todas lo sean, que el mundo esté lleno de árboles que cobijan a muertos reclamando justicia. ¡Un gran bosque; millones de zombis; una incontable infinidad de santos!
MARIZURI
¡Y miles de duendes que, como tú, cuentan sus historias!
GORRI
Claro. Eso también.

FIN

NOTA PARA EL CUADERNO DE DIRECCIÓN
CORRESPONDENCIA ACTORES/PERSONAJES

ACTRICES
1
Muerta
2
Alcaldesa
3
Amortajadora. Amante.
4
Inspectora Garzón. Camillera.
5
Marizuri. Turista gótica.
ACTORES
1
Enamorado. Obispo
2
Alguacil
3
Párroco. Operario 2.
4
Asesino. Turista inglés. Pinche.
5
Operario 1. Albañil. Turista gótico.
6
Gorri.

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