UN BESO OLVIDADO

Acodados en la barra del bar. Luces de neón y música en un volumen ligeramente alto. (¿Como entonces?).

UNO: Sí, mujer, nos presentó tu amigo aquel, ¿cómo se llamaba? ¡Ricardo, eso es! El pelirrojo ese que trabajaba haciendo entrevistas de casting para reality shows de la tele. ¿No te acuerdas? Fue el día del concierto de Presuntos Implicados. Era un bar muy parecido a este, creo que hasta sonó esta misma canción en algún momento de la noche y tú bebías lo mismo que ahora. Un gin-tonic de Martin Miller, ¿verdad? ¿O es de Seagram's?

DOS: ¿Qué fragancia poseen las rosas cuando no hay olfato que las huela? ¿Qué sucede con los héroes de las batallas olvidadas? ¿En qué paraíso residen los fundadores de patrias que ya no existen? ¿En qué infierno arden los homicidas olvidados? ¿Tienen sabor las naranjas en las bocas sin lengua? ¿Y color los arcoiris en las cuencas sin ojos? Ahí donde los recuerdos vagan insconscientes de su propia existencia, ¿ahí suenan los truenos, sopla el viento?

UNO: Estabas preciosa esa noche, tan guapa entonces como ahora. Pero quizá tenías el pelo algo más largo. ¿No te llegaba la melena en aquella época por debajo de los hombros? En cualquier caso, este corte de ahora te favorece. Y sabes bien que la ropa ajustada también. Llevas, como aquel día, pantalones vaqueros y una camiseta ceñida.

DOS: Recuperar un hecho de la maleta del olvido es como meter la mano en una bolsa llena de bolas numeradas. Es un acto regido por el dios de la casualidad. Recordar supone reconstruir, crear algo de nuevo. En el mejor de los casos Manuel se llamará en adelante Jesús y aquel frondoso flequillo se habrá vuelto la frente despejada de un calvo para los años venideros.

UNO: ¿No te acuerdas que terminamos la noche a solas tú y yo? ¿Que se fueron yendo a su casa uno tras otro tus amigos y los míos? ¿Que antes de despedirnos nos besamos a la puerta del bar? ¿Que te di mi teléfono y prometiste llamarme para salir  juntos alguna vez?

DOS: ¿Cómo es el día a día de los recuerdos que moran en el olvido? ¿Pasan las horas disputando entre ellos para colocarse los primeros en la frontera de la memoria? ¿O se sientan, indolentes, en una esquina a tomar su dosis diaria de morfina, apartando de un manotazo a cualquiera que venga a molestar su silencio? ¿Hay altercados en los arrabales del olvido? ¿Hay peleas? ¿Hay abrazos? ¿Y besos apasionados a la puerta de los bares?

UNO: No tienes ni idea de quién soy, ¿verdad?

DOS: El caso es que a mí tu cara me quiere sonar...

Imagen: Edward Hopper.

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