ES LA VIDA, NO EL AMOR

Lo que nos hace felices no es el amor, es la vida.

¡Uy, madre, lo que he dicho! En un tiempo tan proclive al romanticismo como este en que vivimos acabo de afirmar que el amor no es la medida de todas las cosas. Si me oyeran en Hollywood enviarían a los sucesores de McCarthy para detenerme, torturarme y, finalmente, someterme a la silla eléctrica.

Pero es cierto.

El amor nos sube a la cima de la montaña, nos hace vivir como si voláramos, nos llena las arterias, las venas, los pulmones de una desbordante alegría, de un desmedido gozo, de... Sí, de todo eso. Al menos durante un rato, unos meses, unos años, el amor es lo más de lo más.

Pero se pasa.

El amor se va como llegó, y lo que queda cuando se va no es la tontería esa de la ternura, el cariño, la amistad, la confianza dentro de la pareja. No, cuando el amor se va, al igual que antes de que llegara, incluso mientras estuvo, lo que queda es la vida.

O sea, todo lo demás.

Lo ilustraré con un ejemplo. Yo he tenido la fortuna de ser un hombre amado por varias mujeres, al menos de forma sucesiva. Y soy padre, para mi fortuna. Pues bien, esas mujeres, cualquiera de ellas, si uno de sus hijos tenía un problema, por pequeño que fuera, por poco que el mismo fuera a durar, anteponían su amor por él a cualquier ansia, a cualquier afecto o deseo por mí.

Y yo, pues igual. (Pero es cierto que a cualquier amante le resulta molesto que le posterguen por un hijo de otro, por mucho que él haga exactamente lo mismo).

Los hijos son la vida.

Y la hipoteca es la vida.

Y la pobreza.

Y comer todos los días.

Y tener que trabajar.

Y que a nuestro hermano le detecten un cáncer. 

Y que a nuestro mejor amigo le deje su esposa.

Y el partido de pádel semanal.

Y los gritos del pabellón cuando el alero de tu equipo encesta un triple antológico.

La vida es eso que sucede mientras el amor nos ciega. Y es lo que se muestra cuando se nos cae la venda de los ojos.

Cuando uno vive una relación de pareja y está enamorado la vida se convierte en un murmullo lejano que sólo alcanza nuestro entendimiento cuando una desgracia -una enfermedad, un accidente, ...- lo convierte en grito, pero que no tiene fecha de caducidad, como sí la tiene el amor. 

Y la vida se acaba mostrando.

Por amor uno puede alejarse de su tierra natal, de sus amigos de la infancia, dejar sus aficiones, hasta cambiar de trabajo. Y mientras ames como si no hubiera nada más y te amen con igual intensidad todo eso carecerá de importancia. Sin embargo, siempre hay un día en que todo eso vuelve; las cosas que te gustaban antes de amar con los ojos cerrados, tus pasiones, tus deseos, todos acaban regresando.

Así que cuando el amor se va lo que se muestra es la vida, en todo su esplendor y con todo el rigor notarial con que la realidad acostumbra a mostrarse.

Creo que una relación de pareja sólo se mantiene en pie si permite que ambos amantes tengan una buena vida. Hablo de bienestar material, sí, pero sobre todo hablo de que ninguno de los dos haya realizado renuncias significativas de sus vivencias o sus deseos.

Si eso sucede, si la vida que sucede al amor es una vida buena, entonces, y solo entonces, los amantes decidirán continuar juntos. Porque la vida en pareja, su vida en pareja merecerá la pena.

Si queréis que dure vuestra pareja una única cosa os puedo recomendar: haced que vuestra vida y la de la persona con quien compartís camino sean vidas que merezca la pena ser vividas.




(Se me ocurre una hermosa frase de amor: "Cariño, te amo tanto que voy a esforzarme en que mi vida no la eclipsen ni tus necesidades ni tus deseos").



3 comentarios:

  1. Si, Luis, el amor "romántico" es efímero y me da la sensación de que las nuevas generaciones lo acortan cada vez más, especialmente ante el mínimo desacuerdo. No digo que haya que soportar estoicamente al otro como lo hicieron nuestros padres y abuelos. Sin embargo, para llegar a la sabia frase final de tus reflexiones, hay que trabajar y ocuparse de ese amor.
    Un gran abrazo.

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  2. Es cierto, Mire, trabajar y ocuparse del amor, al menos tanto como estar alerta para ver cuándo el amor nos hace daño, que es algo que también sucede en ocasiones.
    El amor debe permitir que vivamos mejor. Eso es lo único que nunca debemos perder de vista.
    Besos.

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  3. escribes maravilloso con ganas deseos una mente intensa llena de verbos

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