domingo, 9 de abril de 2017

NUEVE CONSEJOS PARA AMAR BIEN

Imagen: Naomi Okubo
El amor es esa cosa que sucede (tríos aparte) en el seno de las parejas. Y, claro, hoy en día una pareja es un producto, en buena parte de los casos, con fecha de caducidad. Amar, y sobre todo amar bien es una conducta que ha de partir de la premisa de que nada es para siempre.

Curiosamente, sin embargo, los manuales al uso sobre el amor, y hasta los artículos de tipo MTV (o sea, mejora tu vida) tan habituales en revistas tan dispares como Cosmopolitan o Muy Interesante, parecen desconocer esta dimensión esencialmente temporal del amor. 

Cuando alguien comienza hoy una relación de pareja, se lo confiese más o menos claramente, es consciente de que la misma durará hasta el día en que uno de los dos, o ambos, considere que ha llegado a su fin ese camino que entonces deciden a andar juntos.

¿Y pasa algo por ello? Yo creo que no. El amor, en nuestro tiempo, es así. Igual que en el siglo XVIII las parejas se conformaban según una forma de querer determinada,  hoy, aquí queremos de otra. 

Creo que no pasa nada porque en la vida uno viva dos, tres o nueve relaciones de pareja diferentes, pues el amor, igual que tiene un comienzo, tiene también un fin. 

Otra cosa diferente es cómo ha de transcurrir el amor mientras dura. Dicho de otro modo, cómo ha de manifestarse para que podamos decir que amamos "bien", que nos están amando "bien".

Permítase que ofrezca mi visión en torno al buen amor, al que siento yo como un amor de pareja sano. Y aunque mi forma de verlo no es sino una manera subjetiva de entenderlo (por otra parte, como todas), creo tener la suficiente experiencia en esto de amar como para ofrecerlo en forma de consejos, de nueve consejos que doy, no para hacer del amor algo eterno, sino para hacer del mismo algo que enriquece a quien lo siente, algo que hace mejor la vida en pareja durante el tiempo que esta dure.

Primero.- Comunica tus límites y tus deseos a tu pareja. Díle qué quieres de ella y explícale qué no estás dispuesto a ofrecerle. Es muy importante que ambos conozcáis los deseos del otro, para poder complacerle en la medida de lo posible. Del mismo modo es también vital que ambos sepáis qué no dará nunca el otro o, en cualquier caso, qué da a disgusto. No os enfadéis cuando él no adivine vuestras necesidades, cuando ella no cumpla vuestros deseos ocultos. Unas y otros han de salir a la luz para que, precisamente por obra y gracia del amor, él y ella puedan satisfacerlos. No elegimos nigromantes como compañeros de vida, sino hombres y mujeres. Y la asignatura de Adivinación no se estudia en los colegios.


Imagen: Naomi Okubo
Segundo.- Acepta lo que te den y no fuerces que te den algo que no quieren darte. Tan necesario es dar las gracias dentro de la pareja cuando recibimos algo como no pedir nada a nuestro compañero o compañera que éstos no den de buen grado. Si hacen lo segundo sin desearlo porque hemos abusado de la insistencia estarán sintiendo que les robamos parte de su identidad. Y si deciden entregarnos algo de ellos sólo en atención a que nosotros lo deseamos, si no lo agradecemos van a pensar que la suya ha sido una entrega gratuita. Pensadlo: miles de veces damos las gracias a auténticos desconocidos por las cosas más irrelevantes del mundo; ¿por qué, entonces, nos cuesta darlas por esas otras, tan importantes para nosotros, con que nuestra pareja nos regala la existencia?

Tercero.- Acepta que no vas a ser ni el primer ni el último amante de su vida. Como sólo una vez en la vida hacemos las cosas por vez primera, lo normal es que seamos el segundo o el quinto novio, amante, marido o esposa. Nuestros labios no serán ni quienes inauguren su boca ni los últimos que la suya besará. Así que, en todo lo que podamos, dejemos a un lado los celos por los que nos precedieron en la cama y los miedos por aquellos que nos sucederán en el lecho. Se ama en presente y se teme en pasado o en futuro. Y sólo si tenemos claro que amar es un verbo sin otro tiempo verdadero que el del aquí y ahora conseguiremos que se conjugue en toda su plenitud. Alegrémonos, por tanto, de lo felices que hicieron a nuestra pareja aquellos que nos precedieron. Deseémosle suerte en el futuro, cuando no seamos nosotros quienes compartamos la vida con ella.

Cuarto.- Haced cosas juntos. Descubre el territorio común que ambos compartáis y vuelca en eso el tiempo que paséis juntos. Es cierto que tendrás que pasar tiempo con su familia y ella con la tuya, pero, como bien dicen los nombres de una y otra, aquella es "suya" y esta otra, "tuya". Al final deberá haber algo de lo que ambos disfrutéis por igual, y hablo tanto de la cama, como del cine, la gastronomía o el montañismo. Si lo que os gusta es viajar, hacedlo. Pero una relación no se sostiene sobre una semana de vacaciones al año, ni sólo sobre un concierto, sobre una cena o fin de semana de spa. Un matrimonio no se arregla con una escapada rural ni se reinventa con un domingo abrazados en el parque. Cuando digo que hagáis cosas juntos hablo de algo que debe suceder habitualmente. Esas son las cosas que crean hilos entre las personas. Y si no queréis que vuestra relación de pareja esté sujeta por hilvanes debéis coser cada día eso que tenéis en común. No sus cosas. No las tuyas. Las de los dos.


Imagen: Naomi Okubo
Quinto.- Sé confortable. Si el mundo te enfada, que sea a ti a quien enfada, si la enfermedad te vence, que tu impotencia no contamine tu relación. No engañes fingiendo un bienestar que no tienes, si este te falta, pero si en tu interior hay una lucecita ardiendo en algun sitio, agárrate a ella para ofrecer la mejor versión de ti mismo posible. ¿Que habrá días para el llanto? ¿Qué habrá incluso jornadas para el enfado? Por supuesto. Pero no culpes al otro de tu pena, de tu dolor, de tus dificultades para llegar a mes, no le grites, no le culpabilices. Piénsalo: si es responsable de tu tristeza o tus penurias no debes esforzarte en seguir amándole, sino en encontrar la fortaleza necesaria para abandonarle. Lo que mata al amor es que cuando llegue a casa lo haga con el temor de hallarte enfadado, al borde del grito, del reproche. Volver al hogar debe ser tornar al lugar donde habita el descanso, no al cuadrilátero donde acontecen los peores enfrentamientos.

Sexto.- Muéstrate disponible. Amar no quiere decir que debas estar presente en cada momento de la vida de tu amada. Pero sí implica que vas a estar ahí cuando de verdad hagas falta. Igual que has de esforzarte por no ser el príncipe de todos los dolores, cuando alguna vez necesites un hombro sobre el que llorar ese hombro debe estar presto a servirte de apoyo. 

Séptimo.- Hazte cargo de tu propia vida. Si una mujer te acepta como pareja te está aceptando a ti; tus "circunstancias" seguirán siendo tuyas. Si un hombre decide unir su vida a la tuya no te engañes, sólo se estará uniendo a ti; tus hijos, tus padres, tus hermanos son ahora tu familia, y seguirán siéndolo doce años más tarde. Él, ella, tu pareja son sólo eso, tu pareja. El padre de tus hijos será quien fue a inscribirlos al registro civil, los hijos de tus padres serán tus hermanos, y con tu hermana quien creció en el mismo hogar fuiste tú. Por tanto, que tus responsabilidades sean aquellas que te corresponden, no las que adquieres por osmosis amorosa, pues tal proceso no se ha descrito jamás en la química molecular. Eso, simplemente, no existe.

Octavo.- Convertid el cariño en vuestro idioma común. El amor tiene un lenguaje propio, que no es el de la camaradería. Sus palabras están hechas de besos, caricias, susurros. Y jadeos. Sentid y haced sentir vuestra corporalidad. Una pareja puede vivir sin ternura, sin sexo... a condición de que acepte que lo que les une no es el amor. Así fueron durante muchos años las parejas de nuestros mayores: nacieron fruto del amor, se sostuvieron por el proyecto común de sacar adelante una familia, y se mantuvieron en pie durante la vejez porque se trataron como amigos, como camaradas. Este no es el patrón habitual en nuestros días. Las personas quieren seguir amando durante mucho más tiempo a lo largo de su vida, seguramente porque hoy vivimos más años y en mucha mejor condición. Pero eso sí, al igual que los coches sólo funcionan si tienen gasolina en el depósito, el amor sólo funciona gracias a la ternura. Cuando esta se convierte en un raro combustible lo normal es que, tarde o temprano, llevemos el coche a otra gasolinera. Que nos convirtamos en clientes habituales de la misma es sólo cuestión de tiempo.


Imagen: Naomi Okubo

Noveno.- Conserva un espacio sólo para ti. Por tu propio interés y por el de tu pareja. No puedes centrar toda tu existencia en complacerle, ni puede ser él todo tu círculo de amigos, ni todo tu ocio ha de consistir en disfrutarlo con ella. Primero, porque hasta la gloria bendita cansa. Y segundo porque, como ya hemos dicho, es muy probable que ni ella sea el único y último amor de tu vida ni que tú seas el hombre con quien envejezca. Así es el tiempo que nos ha tocado vivir: un tiempo, si no de poligamia, sí de monogamia sucesiva. Considera seriamente que tras ese amor la vida seguirá existiendo, como existió antes del mismo, y que, incluso durante esa misma vida, si todo lo centras en tu media naranja lo único que vas a conseguir es agriar su sabor, ahogarla. Para que ella pueda vivir su vida compartiéndola contigo, también tú has de seguir teniendo la tuya. Ten, por tanto, un hobby que nunca compartas con él, ten amigos que no sean a medias con ella. Conserva un  espacio para ti y deja un lugar que sea un reino exclusivo de tu pareja. Sólo aman libremente los seres libres.


Si tuviera que resumir los nueve consejos anteriores en uno solo diría lo siguiente: nunca te engañes a ti mismo. Es una máxima para todos los aspectos de la vida, pero es imposible amar bien si no es amor lo que sientes. Si por tu pareja sientes compasión, amistad, si hace mucho que ya no la amas, tal vez vuestra pareja pueda continuar existiendo, pero no quieras basarla en el amor, porque el amor consiste en otra cosa. Pero si amas, entonces no llames a tu amor de otra manera, y aliméntalo, cuídalo cada día, exige que tu pareja también lo alimente, lo cuide a diario. Jamás olvides que puedes engañar a los demás, incluso a tu pareja en alguna ocasión, y aun así ser feliz. Pero si te haces trampa a ti mismo la alegría se va a escapar de tu vida como agua por un colador.



Amar bien y sentirse bien querido es el resultado de un trabajo diario. Seguramente requiere de muchas otras cosas, de otras acciones y actitudes que sumar a las anteriores, pero si algo me ha enseñado la vida es que, al menos esas nueve son imprescindibles. Y si se entrenan ni siquiera son difíciles de ejercer.

Os deseo a todos un buen amor. Nada sienta mejor a la salud.

(Si queréis ver más ilustraciones de Naomi Okubo podéis pinchar aquí )

1 comentario:

  1. Una entrada genial. Me ha encantado leerte y aprender de vos tu percepsión en la vida

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