domingo, 5 de marzo de 2017

LOS TOCAPELOTAS

En una de sus novelas (Sunset Park) Paul Auster describe a uno de los personajes con estas palabras: "Es el guerrillero del agravio, el campeón del descontento, el detractor militante de la vida contemporánea que sueña con forjar una nueva realidad con las ruinas de un mundo fallido". Ese es el retrato de un inconformista... o de un tocapelotas. Y de estos últimos hay muchos.

Seguro que, al igual que yo, todos os imagináis varios de vuestros conocidos que responden a ese retrato: son los que si habláis de política afirman que todos los políticos son iguales, unos chorizos, si habláis de fútbol aseguran que ahí no hay más que negocio, que los equipos grandes siempre acabarán ganando porque todo está preparado para que ellos ganen, los que miran por sí y para sí mismos porque dicen que nadie mira por nadie, los que siempre piden la factura sin IVA porque, total, aseveran "no voy a ser el único imbécil que pague impuestos". Son desconfiados estos pinchaglobos, muy pagados de sí mismos, y siempre, siempre, tienen razón.

A uno de esos no lo he visto yo en mi vida pedir disculpas, afirmar que en algo se equivocan, dar la razón a otro. Cuando les aportas, en una discusión, un argumento que no pueden rebatir se dan la vuelta, miran al suelo y comienzan ese murmullo suyo tan característico, esa letanía que tanto recuerda a la del padre de los Osos Montañosos o a la queja permanente de Tristón (el alter ego pesimista del valiente Leoncio)


Son insufribles estos Leoncios de nuestro día a día. No puedes empezar una conversación con ellos en la cual llegues a un punto intermedio de acuerdo. Ni puedes mostrar tu admiración por alguien -da igual si pintor, modelo o ciclista- porque "todo el mundo es igual, mala gente".

Yo no creo que todo esté tan mal, la verdad. Creo que tenemos una esperanza de vida que duplica la que había hace apenas un siglo. Creo que hay gobernantes corruptos, es cierto, y personas que hacen del arte de conducir comunidades hacia el bienestar su trabajo de cada día. Creo que no todos somos ladrones, que no todos vamos sólo a lo nuestro. Estoy seguro, porque lo siento cada día, que el mundo en el que vivimos es un lugar que merece la pena, que no es necesario hacer siempre trampas en el juego de la vida en sociedad para que la vida te sonría. 

Cuando me encuentro con uno de estos protestones profesionales procuro huir como si me persiguiera el diablo. Lo malo es que no siempre puedes esquivarlos. De cuando en cuando se instala uno en tu trabajo y, si eres su jefe, te encontrarás con un pelota que te hará la peineta en cuanto te des la vuelta, si eres su compañero, con un vago que procurará que seas tú quien haga el trabajo pesado, si es tu supervisor, con un pequeño tirano que no te reconocerá jamás mérito ninguno, que nunca se fiará de ti, que te mandará tareas inútiles y que, cuando tú hagas algo que suponga un avance significativo para la empresa, él se lo apropiará para sí diciendo que tú sólo cumplías órdenes.

En los partidos políticos medran a base de descalificar a quienes ostentan el mando acusándolos de corruptos, hasta que consiguen encabalgarse a sí mismos y empezar, por descontado, su propia carrera de corrupción. En los comités de empresa son los que gritan más alto, los que más alto descalifican, los que se echan siestas interminables en cuanto consiguen ser trabajadores "liberados" del trabajo para representar (es un decir), a tiempo completo, al resto.

Vamos, que no puedo con ellos. No se nota nada, ¿verdad?

(Y una aclaración, para evitar que alguien se dé innecesariamente por aludido: ¿acaso todos los liberados sindicales son unos tocapelotas? No. Evidentemente, todos no. Ni lo son todos los encargados de la industria cárnica. De hecho, creo que puedo afirmar que ni uno solo de los tocapelotas se ha dado por aludido con este post. Al resto, pido perdón por adelantado).

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Los comentarios en esta página están moderados, no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. No seas hiriente al comentar, no seas más listo que nadie, no te las des de inventar el huevo porque el huevo ya está inventado. No descalifiques a otros sin ton ni son. No utilices el anonimato para decirles a las personas cosas que no les dirías en caso de tenerlas delante. Intenta mantener un ambiente agradable en el que los demás puedan comentar sin temor a sentirse insultados o descalificados.Este no es un blog ni triste ni gesticulante: comenta para que los demás disfruten porque has decidido disfrutar de la vida. Los comentarios que incumplan esas normas básicas serán eliminados.