NI PRINCIPES AZULES NI SAPOS DE LA CHARCA

Hace poco me decía una amiga que, de entre tres hombres que la pretendían, no escogería a ninguno. ¿La razón? “Joder, pues porque no me pone ninguno de los tres”.


Es curioso lo torpes que podemos llegar a ser los hombres, sobre todo a partir de los cuarenta. Los tres, en sus intentos de seducción, han adoptado, como estrategia de conquista, el rol de protector. De macho protector. De príncipe azul, vaya, ese que se lleva a la Cenicienta de turno a vivir a palacio y le compra una pamela de ala bien ancha para exhibirla en las carreras de caballos. Y ella, que está tan necesitada de protección como cualquier Bella Aburrida del bosque, tal vez sea lo que menos valora en ellos. Con más de cuatro decenios de edad a cuestas una ya no cree en príncipes, ni azules, ni blancos, ni de color rosa palo.


…y esto me ha hecho reflexionar acerca de qué buscan las mujeres, las de hoy, en los hombres. Y no hablo del matrimonio, por supuesto. Hablo, claro, de lo que buscan en la primera línea del escarceo, en el ronroneo amoroso, en el flirteo y posterior desembalaje de ropas, abalorios y susurros.

Es cierto que algunas buscan en su pareja, ya desde el minuto uno, a un padre, un hombre "de los que te cuidan", que traiga a fin de mes una nómina a casa, que arregle los interruptores cuando no se enciende la luz de la sala al pulsarlos, o que maneje el taladro con la misma soltura con la que Rambo manejaba el cuchillo. Pero estas creo que son las menos, al menos entre las que tienen un empleo y se consideran a sí mismas mujeres "independientes". A fin de cuentas, para algo como eso sirve cualquier sapo con empleo fijo y un dominio mediano de la Black&Decker.

Para el cortejo creo que si hay una estrategia que no lleva a ninguna parte es la de ofrecerse como el machito salvador. Sinceramente, pienso que es jugar a perder. Ir de sapo dispuesto a criar ranitas es asegurarse de que vas a acabar croando solo en la charca, salvo que vayas buscando, precisamente, una mujer que croe contigo, rana macho y rana hembra, los dos muy juntitos, quietos, viendo volar a los mosquitos, en la ribera del río remansado.

Si la moza no conoce al mozo lo primero que hará será echarle un vistazo de arriba abajo para ver si le gusta o no. Si le gusta, y sólo si le gusta, entablará una conversación donde sonreirá de esa forma tan peculiar en que sonríen las mujeres cuando quieren lanzar el mensaje ese de “a ver tú qué me quieres vender, guapo”… Como intente venderle algo que no sea alegría, diversión, sensualidad, sexo, el pimpollo de turno, sobre todo si es talludito, está perdido.

(Dicho lo cual, permítase que añada que, a día de hoy, entre hombres y mujeres mayores de treinta años, me encuentro con más mujeres intentando ligar con hombres que hombres procurando seducir a mujeres. ¿Es porque soy vasco y vivo en Euskadi? Hay quien afirma que en el sur esto sucede al contrario pero yo, en mi modesto entender, creo que en todas partes ocurre algo parecido: hombres descolocados, mujeres con ganas de divertirse).

Creo que algo se nos escapa a los varones en esto de la seducción del siglo XXI. Quizá suceda que las princesas de las películas de la sobremesa del sábado en realidad no existen. O tal vez que las que alguna vez soñaron con ser princesas a estas alturas ya se han dado cuenta de que en el mundo sobran sapos y escasean príncipes verdaderos. Y que, de un hombre al que apenas conocen, si les gusta, lo primero que quieren averiguar es si va a ser un buen amante o, de nuevo, otro de tantos batracios aburridos en la cama como proliferan por el mundo.

Sí. Las mujeres quieren sexo. Como los hombres. O más. Porque muchas de ellas, al menos con la mayor parte de los hombres con quienes se han encontrado por el camino, no han tenido experiencias, llamémoslas así, “completas”.

Asumamos que nosotros, si solo vamos a lo nuestro, duramos apenas un suspiro. Y que si no nos ponemos a pensar en ellas cuando estamos haciendo el amor, si no les dedicamos tiempo y esfuerzo, si no somos constantes en el empeño de lograr su gozo, si no hacemos todo esto a ellas no les vamos “a poner”, ni esa vez, ni la siguiente.

Así que ya sabéis. Ataquéis vosotros, o ataquen ellas primero –que por estos pagos es lo normal-, vais a tener una, dos, a lo sumo tres oportunidades de resultar divertidos en el único sitio donde la sonrisa se muestra vertical. Pasadas esas tres ocasiones acabaréis siendo “otro tío que no me pone”. Y la cuarta será para el siguiente de la lista.

Ya podemos tener el mayor sueldo del mundo, prometer que vamos a poner a nombre de ambos nuestro piso del centro de la ciudad y saludar con la mano a su perrillo juguetón que, como no le “pongamos” a la moza en cuestión, como en la cama se aburra con nosotros, sólo seremos otra línea con un nombre en su libreta de “Este tampoco”.

(Y ojo, que no estoy hablando de amor. Ahí, en esa tierra, la del amor, y por extraño que pueda parecer, ni siquiera los aburridos están mal vistos. Ya se sabe lo que dicen del amor, que es ciego. Vamos a añadir que, a veces, incluso un poco desaborío también es, para qué negarlo).


4 comentarios:

  1. Como toda relación empieza por el sexo, la gran mayoría queremos que nos dediquen tiempo y diversión. Ser vistas y tratadas con inteligencia y no como un pedazo de carne más.
    La mujer ha evolucionado mucho (aunque no siempre hacia una buena maduración) y aún hay hombres que no se han acostumbrado y se sienten bastante descolocados... el famoso machismo difícil de extirpar en las sociedades que siguen siendo patriarcales.
    Me gustó leerte.
    Un abrazo, Luis.

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    1. Tiempo para amar y diversión en el amor, Mirella.
      Mejor resumen imposible.
      Y que la mayoría de los hombres nos pasamos la mitad del tiempo recolocándonos te lo puedo asegurar. No sabes el mal que nos ha hecho el machismo... también a nosotros.
      Besazo.

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  2. Ostras! Buena y lúcida disección de una realidad cada vez más plapable. Cuando la he leido he tenido la sensación que acababan de leerme la mente. Aix! Queriendo ser única y original, descubro que, lejos de ello, me ajusto perfectamente a las tendencias! Gracias por compartir tus reflexiones!

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    1. Gracias por pasarte y comentar, Mónica. Espero que no el hecho de reconocerte en otras no haga que te sientas menos especial, jajaja.
      En fin, que tampoco somos tan diferentes todos de todos. En las emociones, al menos, y en el deseo.
      Un abrazo.

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