miércoles, 25 de enero de 2017

LA BRISA Y EL TALENTO


El talento es esa cosa tan especial que tantos ratos de felicidad nos da, esa habilidad que nos hace pasar horas muertas haciendo eso en lo que destacamos porque nos resulta tan fácil como apasionante. Y es, también, esa pericia en la que tanta rabia nos da destacar, ese don especial con el cual nos dotó la naturaleza y que tantas veces nos hace desear ser tipos normales... sea eso lo que sea.

Caso uno: sujeto A que elabora durante tres horas una ensaladilla rusa para que, al final, en la mesa de Navidad sólo se alaben, como cada año, las croquetas del sujeto B, que las ha hecho en un pis-pas.

Caso dos: sujeto A que tras dos años tocando la batería en la banda municipal ve cómo su puesto se lo quita un muchachito que ni siquiera sabe solfeo.

Caso tres: sujeto A que apunta chistes en un papel para aprenderlos de memoria en las reuniones sociales donde quiere destacar. Luego llega a las mismas y siempre hay un cabrón, el sujeto B, que hace reír con cualquier chorrada improvisada.

Talento para la cocina. O para la música. O para el humor. 

Todo el mundo tiene un talento, y es quizá lo que más orgulloso le hace sentirse de sí mismo. Y lo que más enemigos le crea. (¡Y no te digo nada si el talentoso es guapo! Entonces sí que rompe todos los límites de lo ofensivo. Un listo feo parece alguien que destaca porque la vida no le dio otras cartas; un virtuoso guapo es un desafío extremo a la mediocridad, un órdago a mayor, menor, pares, juego y punto).

Permitidme que esto se lo cuente a alguien especial. Permitidme que hoy, sólo hoy, la llame Brisa. Y es que Brisa ha descubierto que su talento natural va a ser su dicha y su castigo, y no sabe si quiere odiarse o quererse por poseerlo. 

Escucha, Brisa, esto te lo digo a ti.

Es verdad: es por esa destreza en la que destacas sin esfuerzo por lo que te van a odiar los demás. No los demás en general, no. A la mayoría de las personas del mundo tú no les importas nada, entre otras cosas porque ahora no saben de tu existencia, ni lo sabrán mañana. Igual que tú no sabes nada de todas ellas, claro.

Otros estaremos más o menos cerca de ti. Y nos importará lo que te suceda. Y desearemos que lo que te suceda sean siempre cosas buenas. Porque te queremos a ti. O porque queremos a quienes te quieren.

Y habrá otras personas que te odiarán porque se esfuerzan en ser bellas y tú lo eres sin esfuerzo. Y otras que te odiarán porque intentan adquirir conocimientos y destrezas que tú inmediatamente asimilas de forma natural.

O porque aceptas esforzarte para llegar a una meta que para ellas sólo es otro puñetero mojón en la autopista. Y esa autopista, niña, a ti te conduce a la pericia, y a ellas a un título formativo.

No es lo mismo, claro. Y claro que se dan cuenta. Sólo que no saben cómo llamarlo... Es mejor llamarte a ti "chula", o "engreída", o "sobrada"... O ignorarte.

Se llama envidia. A eso que les pasa ahora contigo los demás lo llamamos envidia.

Creo que ni siquiera van a poder evitarlo. Nunca. 

Pero tu don no es un don menor porque ellas te den la espalda. Piénsalo: no quieren estar contigo porque quisieran ser como tú.

No te voy a mentir, pequeña. A menudo te tocará salir adelante sola. El espíritu gregario acepta a los líderes, pero no a los virtuosos. No, el talento no es algo que la manada acepte de buen grado. 

¿Van a aceptar sin más que tú disfrutes con lo que a ellas les resulta un esfuerzo cotidiano? ¿Van a entender que tú hayas elegido una profesión cuando ellas acabaron ahí por simple descarte?

El camino del virtuosismo no es un camino fácil.

Pero no te engañes: tampoco lo es el camino gris de los que eligen ser manada. ¿Transitar por las calles de lo obvio? ¿Vivir vidas vulgares? ¿Sin un solo arrebato de pasión profesional? ¿Sin una obra de la cual sentirse orgullosa? ¿Sin algo que mostrar diciendo: "mira, es único, y ha salido de mis manos"?

Brisa, está en tus manos. Al final quizá todas las sendas lleven derechitas a un hueco en el cementerio, pero me atrevo a decirte que no todas ellas se merecen por igual ser caminadas. 

Tú vas a elegir si el camino que andarás es el tuyo o es el de otros. Pero, si me permites decírtelo, aunque a veces te toque recorrerlo en soledad, tu camino lleva a ti. No lo dudes: ese es el único destino que merece la pena.

Imágenes de Pablo Ruiz Picasso y Berthé Morisot.

6 comentarios:

  1. Hay un dicho judío q le vendría bien a tu Brisa..."Preciado mercader es aquel que cargado de joyas parece un pobre"
    Un saludo

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    1. Brisa luce un collar de oro y diamantes, Martín, créeme.

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  2. si Luis pero es jodido que envidien , jodido sentirse excluid@ por ser uno mimo, por ser sin más , sin más pretensión que ser libre y no tener que tapar ,ni ocultar ni proclamar a los cuatro vientos... la envida es una losa que aunque digamos nos da igual , no puede joder un poquito la vida

    pero bueno peor lo pasan los envidiosos


    suerte a Brisa es hermoso lo que dices , de corazón ¡¡


    un beso bicho ( y te lo digo por lo que pones como link en tu otro aliento )

    va mejorando por cierto ...

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    Respuestas
    1. Muy jodido, MaRía, ya lo sé. Lo sé. De verdad que lo sé.
      ¿Y qué? ¿Intentas parecer algo diferente de lo que eres por eso? ¿O aprendes que hay mucha gente que te quiere pero que no siempre está contigo? Aprendes eso: que hay calles por las que tienes que caminar solo si quieres llegar a donde sea que hayas decidido llegar.
      Biquiños, guapa.

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