sábado, 14 de enero de 2017

CÁCERES, CIUDAD DEL AMOR

Imagen: André Kohn
Imaginemos por un momento que dos personas, un hombre y una mujer, por poner el caso, se encuentran un día en un bar de una ciudad española. ¿Cáceres? Bien, Cáceres está bien. Nunca estuve en Cáceres. Juro que hasta el día de hoy nunca he puesto un pie en Cáceres.

Comienzan una conversación intrascente acodados ambos en la barra del bar. Algo acerca del tiempo o de la importancia que tiene para ambos viajar a la costa cada verano. Ella prefiere las playas nudistas, pero no lo dice. Él tiene que ponerse mil kilos de crema porque el sol le quema en cuanto se expone, y se lo dice, pero ninguno da mucha importancia a ese asunto. Ni a ninguno otro. Hablan porque hay que hablar, porque él huele de esa manera, porque ella sonríe de esa forma, de esa manera y de esa forma que ella no puede evitar acercarse para respirar esa fragancia y él no puede apartar la vista de esos labios.

Al cabo de una hora la conversación ha entrado en algún terreno algo más personal, tampoco demasiado. Los gustos musicales de cada uno. Sus películas preferidas. La afición de él por las novelas de terror. Las de ella por la novela negra.

Dos horas y tres cervezas más tarde están besándose, sobándose en el interior de una habitación de hotel. Ella ha pedido que él apague la luz porque últimamente ha engordado algo y no le apetece que le vean desnuda, no si no es en una playa nudista. Él ha accedido sin problemas porque aquello no estaba previsto y, joder, lleva calzoncillos blancos de algodón.

Ella tenía condones. Menos mal, piensa él, porque él no lleva nunca.

Al acabar, a él le hubiera gustado quedarse a dormir juntos esa noche. Ella prefirió marcharse porque al día siguiente trabajaba de mañana en el hospital y ya casi era la una de la madrugada.

Imagen: Roy Lichtenstein
Ella no le había contado a él que creía en Dios, pero no en la Iglesia, que llevaba sin votar desde hacía ya casi diez años, que tenía una curiosidad horrorosa por saber lo que se siente al consumir alucinógenos pero que no se atrevía, que su mayor miedo era a envejecer sola, que nunca superó la imagen de su madre consumida por el cáncer y que de pequeña un tío suyo la sometió a unos toqueteos que bien podrían considerarse inapropiados.

Él no le había contado que hacía un año que no conseguía un trabajo que le durase más de una semana, que estaba pensando muy seriamente emigrar a algún sitio lejano como Australia o Cataluña, que él creía en el poder de las cartas para desvelar el futuro de las personas y que pensaba, de hecho, que tenía poderes para relacionarse con el mundo de las fuerzas ocultas, que odiaba los debates de política en la televisión y que a menudo, cada vez más frecuentemente, se imaginaba a sí mismo como padre de familia numerosa.

No se dijeron nada de todo aquello. Y eso que para ella eran muy importantes todas esas cosas. Y para él lo eran, igualmente. Pero a él le dio igual. Y a ella, entonces, le pareció lo mismo.

Ahora mismo ella no recuerda si él se llamaba Rubén o Ramón, algo con erre, eso sí; él sí recuerda que ella se llama Clara, ...¿o era Laura?

El caso es que él le dio su número de teléfono y él grabó el de ella en la memoria de su móvil. Sí, ahí puede mirar el nombre de ella. Cualquier día de estos lo hará y conseguirá retenerlo en la memoria.

Y el asunto es que se gustaron.

Y que él tampoco tiene otro plan para hoy.

Y que a ella su plan de ir al cine con una amiga se ha chafado a última hora.

Imagen: René Magritte
(Va a ser muy difícil explicar por qué él no le llamó nunca. Por qué ella pensó en llamarle alguna vez, pero jamás lo hizo. Quizá fuese porque ella jamás se acostó con un desconocido hasta aquel día. O tal vez sea porque aquel inesperado encuentro sólo conserve su belleza si jamás vuelven a encontrarse. Si siguen siendo siempre eso, dos desconocidos).

8 comentarios:

  1. Hay instantes fugaces que deseamos repetir , el no decirlo por ?¿ nos puede privar de volver a tener otro instante fugaz o menos fugaz
    A veces pensamos por el otro y así nos va ... o no nos va

    besos Luis

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    1. Muchas veces, María, eso que compartimos con otras personas, ya sea una cerveza en un bar o una tórrida noche, que han sido tan perfectos que casi mejor no repetirlos. Por el miedo a que no sea tan perfecta la segunda vez, seguramente. O por pereza, quién sabe.
      O porque la vida nos va llevando por un río que no es el que llegó a nosotros ese momento.
      Bicos.

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  2. Quién no ha tenido alguna vez una fantasía de este tipo? Un encuentro inesperado con un desconocido,y un feeling sexual inevitable que te conduce a la habitación de un hotel.

    La segunda parte siempre es la peor, porque no terminaría bien fuese cual fuese el final.
    La realidad casi nunca coincide con la fantasía, no? O sí?
    Abrazos Luis, me gustó mucho.

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    1. Pues la verdad es que no lo sé, Carmen.
      Creo que acabar en la habitación con un desconocido o una desconocida es de esas cosas que normalmente sólo pasan en nuestra imaginación.
      Y si alguna vez nos sucede es un acontecimiento tan extraordinario que nos da pavor que eso pueda continuar de cualquier modo.
      Los arrebatos no suelen disponer de segundas oportunidades.
      Gracias.

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  3. Me gustó mucho cómo lo contaste, Luis. Se me hizo muy interesante ir conociendo los gustos y peculiaridades de cada uno y que el otro no sabía ni sabría. Porque en estos tiempos hay tantas personas que se relacionan así, en lo superficial, en la piel y se quedan sin conocer al otro, sin darse la oportunidad de que algo más profundo prospere.
    Muy buen relato.
    Un abrazo.

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  4. Gracias, Mirella.
    Yo no creo que esto que les pasa a los dos protagonistas de esta historia pase a menudo. A la mayoría de nosotros una historia como esta nos sucede una o dos veces en nuestra vida, rara vez más.
    No dejamos que suceda. Tal vez porque damos valor al amor romántico, o porque a última hora nos arrepentimos...
    Ahora bien, es cierto que son historias que, aunque el tiempo borre de nuestra memoria hasta el rostro de quien compartió aquel día sin estribos, en el recuerdo, si la vivimos, esta experiencia deja un aroma a nostalgia.
    Gracias por el comentario.
    Otro abrazo para ti.

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  5. Una historia muy actual, así son muchas relaciones hoy día, por miedo o por ir probando hasta encontrar algo que de verdad quede un gran recuerdo y repetir.
    Permíteme un consejo Luis. Ve a visitar Cáceres y su ciudad monumental, te encantará :)) te lo recomienda una cacereña.
    Besos.

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  6. Aunque suponga que jamás podré volver una frase tan rigurosamente cierta como la de "yo nunca estuve en Cáceres" tienes razón, Laura, Cáceres está en la lista de los lugares que debo visitar inmediatamente.
    Gracias por pasarte.
    Besos.

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