LA PRIMERA VEZ



Pienso que uno empieza a ser viejo de verdad cuando ya nunca se sorprende a sí mismo haciendo cosas por primera vez.
Hay una edad, la infancia, la adolescencia, la juventud, en que las primeras veces son el pan nuestro de cada día, de cada semana, de cada mes. El primer día de colegio, la primera excursión con los del cole, el primer día en la playa, el primer suspenso, el primer sobresaliente, la primera vez que das la mano, la primera vez que no te la retiran, el primer contacto de tus labios con otros labios, de tu lengua con labios más íntimos, el primer día que conduces solo el coche de otro, tu primer automóvil, el primer trabajo, el primer sueldo, el primer piso, el primer día en tu segundo piso,…
Esas primeras veces se espacian con el tiempo a medida que vamos consiguiendo objetivos. La edad nos roba cierta capacidad de asombro porque mucho de lo que el mundo tiene para enseñarnos ya lo hemos vivido al menos una vez. Es lo que pasa con el mundo, que nos entrega un lote de vales de asombro al iniciar nuestra vida y, claro, ese lote se va gastando poco a poco.
Pero siempre hay nuevas cosas que ver, nuevos libros que leer, nuevas fronteras, en todos los órdenes de la vida, que conquistar.
Os contaré que, en breve, iré a ver, por primera vez en mi vida un musical. Tengo 50 años. He formado parte de un grupo de teatro. He programado teatro. He escrito teatro… ¡y nunca fui a ver una función de teatro musical!
Y sólo dos veces he visto danza en el teatro.
Y todavía me queda todo esto por hacer:
Quiero aprender a bailar, sobre todo cumbia, bachata y kizomba. Kizomba, antes que cualquier otra cosa, que es como acariciar al deseo en forma de danza.

Quiero visitar varias ciudades europeas –Berlín, Florencia, Siena, Dublín…- y hacer un viaje a Suiza. Y a Japón. Y a Nueva York. Sí, hay decenas de lugares donde debo estar por primera vez.
Y tengo que comprarme una casa donde vivir (ya he vivido en nueve), para vivir por primera vez solo en una que sea de mi exclusiva propiedad.
Y debo escribir un par de novelas que me rondan. Ninguna de ellas será la primera, pero cada una de ellas contará algo por primera vez, así que han de incluirse en esta lista de primeras ocasiones para completar.
Nunca vi ópera. Eso también me lo apunto en las tareas pendientes.
Debo ser muy joven porque todavía me quedan muchas primeras veces que completar.
De las ya vividas, de esas que se han ido quedando grabadas a fuego en mi memoria, creo que puedo hacer una lista de lo imborrable, mi top ten particular de debuts existenciales:

  1. Sin duda, mi primer orgasmo. No sabía ni qué demonios era aquello que sentía, si placer, dolor, o qué. El caso es que me aficioné a la sensación y con el tiempo se ha vuelto un clásico a revisitar a menudo.
  2. Mi primer viaje solo en tren. A Venta de Baños, para dormir en el local de una peña del pueblo que funcionaba, durante las fiestas locales, como sede de cuadrilla, y durante el resto del año como abrevadero adolescente (entiéndase esto en sentido estrictamente alcohólico). Tres días inolvidables en Semana Santa del 83 y otros tres en el agosto de aquel mismo año.
  3. Mi primera visión del río Nervión convertido en un mar. Hablo, claro, de agosto del 83. Al poco de volver de Venta de Baños, precisamente.
  4. Mi primer texto largo, una obrita de teatro sobre la vida de Cam, el hijo maldito de Noé (que estaba tan fabulosamente escrita como sólo un muchachito de 17 años es capaz de escribir). También en el 83.
    (¡Madre mía, qué de cosas pasaron en el 83!)
  5. El primer orgasmo de una mujer jugando conmigo. Me dejó absolutamente perplejo que aquello durase tantísimo tiempo. Pobres hombres, en eso la naturaleza a ellas les dio eso en mucha más cantidad que a nosotros.
  6. La primera vez que comulgué. Aquel pan ázimo que se me pegó al paladar porque era pecado morderlo… ¡Lo que hubiera dado yo entonces por un buen trago de Kas de naranja para poder pasarlo!
  7. Mi primer cinta de casette, que en realidad fueron dos a la vez: la que contenía el Dust in the Wind de Kansas, y el Pyramid de Alan Parson’s Project.
  8. Mi primer sueldo. En el 87. Se fue en comprar una televisión y en pagar la primera parte de lo que había aplazado en la autoescuela por sacarme el carnet de conducir a fiado.
  9. La primera, y única,  vez que corrí una carrera de 11 kilómetros. (Siempre he soñado con hacer una maratón, pero de momento no sobrepaso los 16 kilómetros ni queriendo; debe ser que empecé a correr siendo demasiado mayor. O que no he nacido para correr, por mucho que me empeñe, que también puede ser).
  10. Y, sobre todo, por encima de todo lo anterior, el nacimiento de mi primer y único hijo. Si hay una primera vez en toda mi vida que sea inenarrable, sin duda es esa. Sólo el nacimiento de un hijo es un milagro, un verdadero milagro. Es la cumbre de las primeras veces. El non plus ultra de los inicios.


2 comentarios:

  1. Estupenda y certera entrada sobre los cientos de primeras veces que hemos vivido y que pasaron tan rápido, casi, casi en un suspiro. Creo también que si no con la misma intensidad, es muy importante tener objetivos que nos ilusionen fuera de nuestras rutinas obligatorias.Además en la madurez se valora y disfruta mucho más cualquier disciplina se nos ocurra aprender. Mi próximo objetivo para el 2017 aprender a tocar un instrumento.

    El texto resulta muy ameno y la parte donde aparecen tus "top ten" de primeras veces me gustó mucho Luis, quizás porque quienes te leemos nos podemos identificar en algunas de esas primeras veces.

    Espero que aprendas el Kizomba al menos también como la pareja del vídeo; la verdad es que es un baile muyyy sensual. Ahh y que viajes a todos los sitios que tienes previsto. Coincido contigo en Nueva York,jajaja!!

    Saludos y enhorabuena, me encantó.

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  2. Si no fuera porque es cierto, cualquiera diría, Carmen, que últimamente tú y yo nos ponemos de acuerdo sobre el tema a tratar en nuestros blogs respectivos.
    Y lo que más me fastidia de este tema, sinceramente, es que tú sí sabes bailar, al menos cumbia y bachata.
    Que sepas que, aunque sólo sea por eso, te odio.
    Y por lo demás me encantó que te encantara.

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