sábado, 19 de noviembre de 2016

QUE NADIE PIENSE POR TI



Hay determinadas profesiones en las que el día a día consiste en orientar las decisiones de las demás personas. Corredores de bolsa, médicos, abogados, por citar sólo tres casos, aconsejan a sus clientes dónde invertir su capital, cómo recuperar la salud o cómo afrontar un divorcio o configurar una herencia. Como los clientes o pacientes no conocen todas las opciones disponibles en cada caso, incluso el más aséptico de estos profesionales acaba haciendo que aquéllos realicen justo lo que ellos consideran como la mejor opción, cuando muchas veces ni es la mejor ni la única, sino solamente una opción más, otra opción.
Toman decisiones por nosotros cada día. Nuestros padres, nuestros jefes, nuestros gobernantes… Lo realizan con el argumento –o la coartada- de que es por nuestro bien, o a nuestro favor, o para nuestro beneficio. Pero todas y cada una de las decisiones que uno toma, para sí o para otro, son actos basados en una determinada forma de ver el mundo: la propia.
Uno puede decidir que a su hijo no le conviene tener paga semanal porque cree que no tiene edad para conocer el valor del dinero, o decidir que la tenga precisamente para que conozca ese valor. ¿Alguna de las dos decisiones es equivocada? No, ninguna de las dos lo es: ideas, prejuicios, valores, todo eso que conforma el modo de pensar del padre en cuestión le permitirá a su hijo tener un dinero propio para sus gastos que él mismo deberá administrar, o no.
Son excepción las parejas en los que uno de los dos miembros no toma a diario varias decisiones por el otro, pensando por el otro. “Hoy no le voy a proponer sexo porque veo que está cansado”. “Hoy no saldremos a comer porque tengo la sensación de que últimamente le he hecho salir demasiado”… ¿A que sí os suenan este tipo de razonamientos?
Por referirme sólo a los dos casos expuestos: ¿cuántos grandes momentos de sexo no se habrán perdido por pensar que el otro estaba cansado?, o bien, ¿cuántas cenas maravillosas han dejado de acontecer precisamente porque pensamos que nuestro deseo de vela y mantel no era compartido?
Y así, cada día. Todos o casi todos. Y yo el primero, por supuesto.
Quien decide por otro cree que le está dando algo y, en realidad, se lo está quitando. Y si eso se repite habitualmente la otra persona puede llegar a sentirse invadida, menospreciada o, incluso, ignorada. En una pareja esto puede, suele ser el comienzo del fin del amor.
Como ejercicio práctico debiéramos pararnos un segundo a pensar antes de iniciar frases que arranquen con un “Tú lo que tienes que pensar es…” o “por tu bien te lo digo…” o “espero que no te moleste, pero he decidido por los dos…”
Vivir y dejar vivir consiste en no hacer juicios anticipados de lo que los demás quieren o van a querer. Y tener muy pero que muy claro que cada decisión que tomamos para nosotros tiene que ver con nuestro modo de ver el mundo; y de eso, de formas de ver el mundo, hay casi una por cada ser humano vivo. Yo tengo hasta varias a un mismo tiempo….

3 comentarios:

  1. Muy buen texto , el broche de tu escrito deberíamos aplicarlo cada día unas cuantas veces ... pero ya se sabe a veces nos olvidamos de lo correcto o de lo que deseamos para nosotros

    un beso

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  2. No pensar por los demás.... Totalmente de acuerdo. Añadiría: no pensar para no sentirnos sino para materializar lo que sentimos.
    Gracias por escribir de nuevo Luis.

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  3. me gustan tus realidades las que escribes
    le sientan a mi alma que te lee

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