LA FELICIDAD (TAMBIÉN) ES UN COLOR


Ser feliz es una construcción verbal o, lo que es lo mismo, algo que se conjuga con una persona, un tiempo y, muy probablemente, un lugar.

Es más que un estado de ánimo, pues estos se articulan a partir del verbo estar y, por tanto, incorpora a su significado un componente de bienestar que perdura más allá de un día, una semana, un mes. Uno es feliz si no sabe precisar exactamente desde cuándo o, si lo sabe, ese punto de inicio merece en su imaginario ser nombrado ya como “recuerdo”.

Hay quien dice que la felicidad consiste ante todo en ser útil a los demás. Sinceramente, creo que esa puede ser una orientación vital muy loable, pero discuto que la voluntad de servicio a los otros –así, en general- a uno le proporcione, de aquellos y sólo en el mejor de los casos, otra cosa que no sea agradecimiento. Digámoslo claro: de agradecimiento el bienestar puede alimentarse uno o dos días pero, a no ser que nos enfrentemos a un simulacro de santidad (dudo que toquemos a más de un Vicente Ferrer por generación) eso de “Da;  el Universo te lo devolverá” me parece, sin más, una frase bonita para hacerla correr por la Red. El Universo no da, entre sus funciones no está la redistributiva; y quien recibe, generalmente, no devuelve.

En muchas ocasiones he oído que el amor es lo que hace la felicidad. Si no nos hiciera desgraciados tan a menudo tal vez ahí hubiera algo de verdad. Pero el amor da y quita. Y cuando quita no nos deja flotando en un limbo de gustito, sino en una charca de desesperación. Y puede darnos y quitarnos al mismo tiempo, que para eso el amor sabe ser un auténtico prestidigitador. Así que no prestemos a ese angelote voluble la llave de la casa donde habite nuestra felicidad: podemos descubrir cualquier día que nos la ha desvalijado mientras estábamos en la ducha.
 
Dándole vueltas a este tema llego a la conclusión de que el trabajo, el arte o el dinero tampoco son la base de la felicidad. Así que únicamente puedo afirmar que la felicidad radica en uno mismo. Saber qué te gusta, qué deseas, y disfrutarlo lo máximo que puedas durante ese tiempo de prestado al que llamamos vida. Ahí debe estar la clave.

Estoy de acuerdo en que uno vive en sociedad y que debemos hacer cosas muy estúpidas para ganarnos el pan (¿a que se os ocurren mil trabajos de este tipo?), relacionarnos con más de un bicho para mantener cierto lugar en la sociedad (aquí aparecen soplagaitas varios, gente sin sangre y aduladores, robasueños y usureros emocionales de variado pelaje) o fingir en ocasiones que lo que uno siente no es real,  pero, a pesar de todo, la clave de la felicidad es ser uno mismo durante más tiempo que el que la sociacibilidad nos demande despersonalizarnos, alterizarnos o ningunearnos.

O sea que uno va a ser feliz por tanto un porcentaje de tiempo. Seremos felices a ratos (si hay suerte), o a ratitos (si la fortuna nos es esquiva). Esto es inevitable. Cómo se vayan encadenando ratos y ratitos nos dirá de qué debemos hablar.

Por mi parte yo digo que soy feliz cuando puedo ser yo mismo la mitad del tiempo disponible: estar donde quiero, con quien quiero y haciendo lo que quiero; incluso, si lo deseo, no haciendo absolutamente nada de nada.

Espero que no transgreda ninguna norma por concebirlo así. Pensad en lo útil que es mi visión: siquiera la infelicidad deja, también, de ser un término absoluto.


Si lo concebimos a todo color y atribuimos a la felicidad el rojo y a la infelicidad el amarillo, uno va a vivir irremediablemente meciéndose entre mil y un tonos de naranja. Si el naranja es pálido y llevo en el sólo un ratito, yo me limito a afirmar que estoy a gusto. Afirmo, por el contrario, que soy feliz cuando el amarillo empieza a ser un fantasma a punto de ser devorado por el olvido. Cuando todo se vuelve rojo.


Nota.- Las tres imágenes que ilustran este post son obra de August Bradley. Podéis ver más de este mismo autor visitando

8 comentarios:

  1. Creo que las claves son la sinceridad en el aire del que nos alimentamos y el amor pegado a todas las cosas (o no). Ahora bien, las experiencias no son nada nuestro y pretender la alegría mientras huímos del dolor es un absurdo del cual mi vagancia me apartaría de no ser tan sumamente vaga. Estoy con Marco Aurelio en El laberinto grotesco (un blog más que recomendable).
    ¡Un abrazo! ^_^

    ResponderEliminar
  2. Bueno, se trata, Jorge, de pillar canicas rellenas de alegría, a ser posible naranjas.
    En mundos reales o inventados.
    Ya sabes a qué me refiero, compañero.
    -_º

    ResponderEliminar
  3. Un poco tarde para comentar, pero sepa USTED, caballero, que sus escritos me hacen FELIZ, REIR, ACORDARME DE MIS MALDADES, Y mi doble identidad, que es un fantasma..esta lectura me ha relajado mi pasion, mi mirada y mi coraje...he ser feliz es como el azucar que se le pone al cafe...

    ResponderEliminar
  4. Gracias, Maria, me alegro de que te provoque todas esas sensaciones. Un beso.

    ResponderEliminar
  5. Me gustó mucho tu post. Muy reflexivo y muy cierto. Coincido con muchos de tus pensamientos y deduciones. En mi caso, también mi felicidad radica en hacer lo que me gusta y saber disfrutarlo, cosa que aprendo con los años. Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Gracias. Amparo, por pasarte y comentar. Y sí, supongo que tienes razón, a ser feliz se va aprendiendo cada día.

    ResponderEliminar
  7. Comparto con usted, que la felicidad radica en uno mismo, y que uno puede afirmar ser feliz, cuando cumple sus expectativas y las disfruta. Un saludo, me ha gustado mucho esta entrada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por pasar y comentar, María. Me alegro de que haya personas que se encuentran en lo que escribo.

      Eliminar

Los comentarios en esta página están moderados, no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. No seas hiriente al comentar, no seas más listo que nadie, no te las des de inventar el huevo porque el huevo ya está inventado. No descalifiques a otros sin ton ni son. No utilices el anonimato para decirles a las personas cosas que no les dirías en caso de tenerlas delante. Intenta mantener un ambiente agradable en el que los demás puedan comentar sin temor a sentirse insultados o descalificados.Este no es un blog ni triste ni gesticulante: comenta para que los demás disfruten porque has decidido disfrutar de la vida. Los comentarios que incumplan esas normas básicas serán eliminados.