miércoles, 16 de julio de 2014

HORROR VACUI



En arte,  horror vacui es la expresión que designa a las composiciones donde todo el espacio pictórico –o arquitectónico, o escultórico- está ocupado por la propia creación. No hay lugar para el espacio en blanco o las simples gradaciones, todo lo llenan volutas, caireles, artesonados,… Estamos hablando de inflación desbordada, de sobreactuación, de tanto ruido alrededor que, en ocasiones, es difícil recordar la melodía para silbarla al salir del concierto.




 

















El horror vacui es un rasgo diferencial de algunas corrientes artísticas –el barroco sería su non plus ultra- pero, más allá, es también la seña de identidad de más de un artista. En el arte contemporáneo permite diferenciar, por ejemplo, composiciones como las de Ray Caesar, donde los fondos acostumbran a ser planos, para destacar el motivo central de la composición, de otras como las que nos suele presentar Kirsty Mitchell, donde no queda un centímetro de fotografía sin cubrir. E igual contraste podemos hallar entre el arte conceptual de Saul Landell y la medida sobrecarga de Kiyo Murakami, por poner solamente dos ejemplos más, cada uno de ellos en un extremo de esta relación del creador con el espacio.


Por mi parte, adoro a unos y a otros, cuando la propuesta –desde el motivo único en medio de la (casi)nada o su confusión en el centro del (casi)todo-.

Lo que sorprende es que esto del horror vacui va más allá. Y no únicamente en el arte. Hay personas que viven su vida con uno o dos intereses destacables, una o dos preocupaciones, apenas un objetivo, un amor, un solo trabajo; otras, en cambio, navegan entre un mar de aficiones, amantes, ocupaciones, metas. Si aquellas necesitan espacio mental para desarrollarse, habitaciones sin apenas mobiliario, estas otras adoran la hiperinflación en todos los ámbitos de su vida, de una vida que, cuando hay que decidir si un simple tatuaje va bien o mejor unos cuantos, optan por decisiones tan arriesgadas como esta (todo un derroche, sin duda):



Los demás, la inmensa mayoría, nos movemos un día en una claridad de fondos que procura obtener una imagen de nosotros mismos sin dispersión y otros muchos en los que la decoración lo colma todo, incapaces en ocasiones de distinguir hacia dónde vamos o dónde estamos, maravillados (o mareados, según el caso) por la riqueza de un entorno que, nos cuenten lo que nos cuenten, está lleno de estímulos. De caireles.

Hé aquí algunos enlaces para conocer la obra de estos artistas:


Y una más para quien disfrute de los tatuajes:


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