EL DESIERTO... DE SAUL

Fotografía: Saul Landell.


Empezaré por confesar que aunque conozco algún secarral gigantesco, como la comarca de Los Monegros, en Aragón, nunca he pisado un auténtico desierto, uno de esos donde la vista se pierde en una inmensidad de roca, de arena o de hielo, donde no hay vida vegetal visible en kilómetros y kilómetros a la redonda.

Tengo una imagen mental del desierto que supongo que responde a un cliché, en la cual aparecen dunas gigantescas de arena, una caravana de camellos y un cielo azul y amenazador. Se trata de un lugar a la vez apacible y, ciertamente, amenazador. En ese desierto viven la soledad, la muerte, la sed, y quién sabe si alguna que otra serpiente venenosa.

Mi desierto, el que hay en mi cabeza, es un lugar donde es mejor no estar.

Pero hay un fotógrafo mexicano llamado Saul Landell que le está dando la vuelta a esta idea mía del desierto hostil. Él dice que le gusta ambientar sus creaciones en el desierto porque es un marco perfectamente vacío donde sus composiciones destacan especialmente, donde las personas u objetos que él sitúe se harán visibles desde el momento uno porque, y esto es literal, "en el desierto no hay nada".

Saul es uno de esos creadores que se dan a conocer a través de las redes sociales, uno que crea sus composiciones sirviéndose de la familia y los amigos como modelos e intérpretes, que luego cuelga sus creaciones en La Red para que en torno a las mismas se abra un debate entre quienes las observan. No es un artista en una torre de cristal. Es, sin duda, un artista del siglo XXI que interactúa con su público, que mantiene abierta permanentemente una línea directa entre el autor y sus seguidores, entre quien crea la obra, la obra en sí y quien la interpreta.

Mucho me temo que a él estas palabras le van a parecer excesivas, que va a decir que no se merecía un artículo, pero eso vosotros, lectores de este blog, deberéis juzgarlo. ¿Acaso no veis, como yo, en estas fotos de Saul que aquí se muestran, la obra de un artista con sello propio? ¿Acaso no es el suyo un desierto enormemente locuaz, infinitamente silencioso? ¿No es este que nos brinda un universo conceptual con un discurso original?


A ese desierto, el de Saul, a esas inauditas planicies donde él pone todo de sí mismo podéis acceder pinchando











2 comentarios:

  1. Me han encantado, pero la del niño sentado al par de unas huellas de ruedas es merecedora de mil escritos sobre ella.

    Saludos.

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    1. Es una foto perfectamente narrativa, Nel. Estoy de acuerdo contigo.

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