MADRASTRAS Y PADRASTROS

Los hay de todos los tipos y –sobre todo en versión femenina y grano en la nariz- han protagonizado cuentos clásicos y novelas contemporáneas.

Son las mujeres de nuestros padres o los maridos de nuestras madres. O lo somos nosotros: padrastros y madrastras de hijos que tuvieron otros progenitores.

Yo he tenido que lidiar con una e intentar tolerar a la otra de las dos madrastras que me tocaron en suerte el día en que Dios (ese ludópata que contradecía a Einstein porque sí, lleva una eternidad completa jugando a los dados) se puso a repartir parentescos. Lo que una tenía de ganas de volverse invisible, la otra lo ha tenido de ocupar el centro de cualquier cuadro. Lo que a una le sobraba de silenciosa, a la otra le supuraba de locuacidad. Una vivía disimulando sus enfermedades, la otra se ha pasado décadas muriéndose de males que, al principio por lo menos, sólo existían en su imaginación.


De alguna manera han formado parte de mi vida, pero únicamente como una especie de cuñadas cualificadas: eran las esposas de mi padre, pero siendo yo ya un adulto, al menos en el segundo de los casos, convivir con ellas, realmente poco he convivido.




No obstante, y al margen de lo mejor o peor –mejor en un caso que en otro, si he de ser sincero- que yo me haya llevado con ellas, ahora que me veo al otro lado del espejo, ese en el que yo soy el marido de la madre de otros (vivimos en la era  del divorcio, y este es el pan bendito de nuestra laica existencia) me doy cuenta de que si hay un rol difícil de interpretar en esta vida es el de padre que no es padre o el de madre que no lo es, porque ni lo eres ni sustituyes a nadie, pero irremediablemente acabarás siendo para esos polluelos que nacieron en el nido de otro o bien más que un amigo (si tienes suerte) o un maldito usurpador (si no la tienes). Cada día te enfrentas a una conducta imposible; sabes que eres un modelo, pero no sabes de qué, aunque eso sí, siempre tienes sus ojos clavados en ti, aprendiendo de ti, …o equivocándose por tus errores.

… y aunque no quieras como un padre, querer, lo que es querer, acabas queriendo mucho.



Nota.- Las ilustraciones que acompañan al presente artículo son obra del artista Dario Puggioni.
Podéis ver muchas otras creaciones suyas pinchando 

4 comentarios:

  1. No podemos juzgar a todos por el mismo rasero. Afortunadamente hay madrastras y padrastros mucho mejores que padres y madres naturales.

    Saludos

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  2. Lo he disfrutado Luis. Definitivamente la era del divorcio. A mí no me tocó, pero a mi hijo si le ha tocado una buena madrastra. Desde un inicio se han llevado bien, y hoy a 4 años de relación, no hay problemas en ese aspecto.
    Te abrazo compañero.

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  3. Cuando la relación se basa en el respeto y el amor, como es tu caso, el modelo que ofreces es el que realmente vale, el que de verdad les enseña. Gracias por tus palabras

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  4. Gracias a ti por las tuyas, cariño. Eres un cielo

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