DE HALAGOS, PIROPOS Y OTRAS LINDEZAS

Si hay una construcción idiomática sepultada por el más compacto desprecio social esa es la del halago. Su estigma se traduce en el empleo de fórmulas peyorativas como “hacer la pelota”, “dorar la píldora”, “chupar el culo” o “dar betún”, conjunciones verbales que usamos ladeando la boca en un gesto que, cuando menos, tiene un cierto cariz burlón. Parece un lugar común afirmar que quien halaga algo busca.

Y, sin embargo, a mí me gustan los halagos. Ya en su forma de reconocimiento un tanto exagerado de una virtud, ya en la de cortejo de perfil bajo, eso a lo que llamamos piropo, halagar o que te halaguen me parece que son dos de las mejores cosas que se pueden hacer con la boca (al mismo nivel que comer, o… sí, eso mismo).

Si mido a las personas que me rodean por su relación con el halago, hallo tipos como los siguientes:



El “encabronado” y la “estreñida” (también conocidos como el “escocido” y la “malfollá”). Estos dos siempre están de mal humor y a todos los gatos les buscan la quinta pata. Si les dices que han hecho algo bien son capaces de retirarte el saludo porque están seguros de que les has bendecido el agua es porque acabarás pidiéndoles algo a cambio… pues, poco me cuesta afirmarlo, eso es lo que ellos harían. En sus oídos una expresión como “¡buen trabajo!” suena a “ya que te cuesta tan poco hacerlo, debieran bajarte el sueldo”; igualmente, un “¡menudos ojos verdes!” es traducido automáticamente por un basto “quítate las bragas, que te follo sobre la mesa”. Por eso, por esa capacidad de traducción simultánea tan precisa y desconfiada, jamás oirás de sus labios frases como “da gusto charlar contigo” o “¡pero qué bien te sienta esa camisa!”. Seguirán charlando horas y horas y una semana más tarde lucirán una camisa como la tuya, pero decírtelo, eso jamás, no vaya a ser que cojas confianza y acabes abusando de su bondad (que creer que la tienen, eso sí se lo creen).



Luego, están los “chupadores de energía positiva”, como tan bien me los definió hace ya 30 años una lúcida compañera de instituto. Este es un grupo formado por personas que parecen ingresar en las conversaciones sólo cuando se habla de ellas. Cuando en una de estas charlas te refieres positivamente a su persona, entonces, a partir de ese momento date por perdido. Se convierten en tu sombra, te invitan a su casa, te llevan de excursión, se invitan a tu cena de Nochebuena, de pronto descubres que están empujando tu carro de la compra en el supermercado y que has elegido las galletas que les gustan al sorbedor y no a ti…. Como intentes desde ese momento recuperar la vida que has perdido, volver a acercarte a los viejos amigos, recuperar el contacto con otros compañeros de clase, leer a los poetas que antes te gustaban o volver a llevar al coche el disco de Dire Straits que siempre te entusiasmó, se sienten traicionados y deciden dejarte en la cuneta donde te hallaron, pues tú nunca mereciste su aprecio. Ya su radar estará, en ese momento, buscar otra persona sobre la cual proyectar su vampírica capacidad de convertirse en el centro del universo.
Esos chupadores se nutren del halago como un vegano de la lechuga.



Ahora bien, la posición mayoritaria frente al halago es la de los que, ante uno, contestan con un “no es para tanto”, aunque por dentro estén pensando “ya era hora de que te dieses cuenta”. En ese grupo estamos los millones de personas que nos acicalamos no para los demás “sino para vernos guapos a nosotros mismos” (¡ya, ya,…!), los que afirmamos que “lo importante es el trabajo bien hecho” aunque el jefe no esté mirando (sí, hombre, sí, el jefe, ese tipejo que siempre mira en la dirección en que Vázquez hace lo mismo que nosotros sólo para que le vean), o los que escribimos, pintamos o diseñamos joyería artesana “por amor al arte”, sin esperar a cambio reconocimiento, alabanza o un mísero “+” en el Google plus… cuando a todos nos encanta recibir una palmada en la espalda aunque sea de Pascuas a Ramos, que nos echen una flor al pasar delante de una obra (nótese que he dicho “flor”, no “pedrada”) o que nos comparen con Velázquez, incluso si sabemos que entre Velázquez y nosotros media la misma distancia que hay entre la Plaza Cataluña de Barcelona y el corazón hirviente de Alfa Centauri.




Pues ni con unos, ni con otros, ni con los de más allá. Lo que yo digo es que nos merecemos los halagos, incluso (o precisamente) cuando llevan añadido cierto ropaje de exagerada complacencia. Y ante un piropo dicho con salero o un “tú sí que vales” no hay respuesta mejor que un simple “muchas gracias”.




(Es cierto, ya sé que hay un cuarto grupo, el de los que responden ante cualquier halago con un “ya lo sabía”, pero de esa gente tan guapa, tan lista y con un culito tan mono, ¿para qué vamos a hablar, si ya lo tienen todo?).




Nota.- Las ilustraciones que acompañan a este post son obra de Stasia Burrington.

A su página web se puede acceder pinchando



Podéis conocerla mejor viendo el siguiente video


10 comentarios:

  1. Me gusta leerte! Y como no quería dejarte sin ese halago te lo dejo por escrito además de darte el plus :))
    Un saludo!

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  2. Débora: voy a hacer caso del propio post para decir, simplemente: muchas gracias.

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  3. Pues a mí, también, me ha parecido un escrito muy acertado. Creo que escribes muy bien. Me ha gustado este texto y otros que he leído tuyos. No exagero nada.
    Un saludo.

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  4. Luis, me quito el sombrero, me ha divertido tu escrito. De todas formas de halagos a halagos hay diferencias. Cuando decimos a nuestra pareja por ejemplo ¿Tú buscas algo?, y esta pregunta viene por sonar a peloteo algún comentario suyo. Casualmente en unos apuntes (que nunca me atrevo a mostrar), digo...
    " Más, del halago al requiebro
    hay un estrecho sendero."
    Abrazos.

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  5. Que buena clasificación Luis, me ha resultado sumamente divertida y la he disfrutado mucho, Y para estar a tono, te quedo chula la entrada con todo e ilustraciones, así como video.

    Un abrazo y comparto.

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  6. Divertido relato de la verdad y no es un halago, faltaría que me lleves el carro del supermercado pero antes me exijas el pago del vuelo hasta acá ....
    Cariños amigo

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  7. Gonzalo y Silvana, tarde, pero saludo, que estuve de vacaciones. Gracias por pasaros, compañeros.

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