ROMANCE DE AUSENCIAS



MERCEDES.
  - Cada jueves, de cuatro a cinco, un café con leche muy caliente.

Doce años no son nada
¡pero pesan tanto a veces!

Una semana tras otra
acude por si aparece,
no desiste ni por frío,
dolor de cabeza o fiebre;
si se aproxima la hora
y la tarde es ya de jueves,
ante la barra, a las cuatro,
viene a sentarse Mercedes
y muy caliente me pide
una de café con leche.

Doce años poco son
¡pero duelen tanto a veces!

Sorpresa fue que Ricardo
-Ric le llamaba la gente-
acabase por casar
con alguien tan diferente;
un misterio es cómo ella
quiso aprender a quererle;
y que a él encadenase
su suerte más aun sorprende
dando a luz un niño que él
acunó sólo dos meses.

Doce años serán algo
¡porque hieren tanto a veces!

¡Ojalá le cambie, fue
su deseo más solemne,
este niño de ojos negros
y todavía sin dientes!
Pero él no pudo y nadie
logró apartar la peste
del polvo suicida, blanco,
que humedecía su frente,
horadaba su nariz,
dejaba en cero su mente.

Doce años son ya tantos
que puede olvidar a veces.

Entonces llega la culpa
y en su vida se entromete;
en qué pudo haber fallado
es la pregunta que duele
incluso aunque tres más
trajera al mundo su vientre,
y ni uno de los otros
abrevase en el pesebre
de los sueños que ilumina
polvo tan fatal y aleve.

Ausencia de doce años
permite vivir a veces.

Lo que no deja es pasar
desde el pasado al presente
sin oír la explicación
“que tú, mamá, te mereces”,
pues la cita que fijaron
para que Ricardo diese
las razones de su marcha
fue para “el próximo jueves,
y si este no puede ser
allí iré al siguiente”.

(Cuando el reloj da las cinco
le queda bien claro que este
tampoco va a ser el día
en que este silencio deje
de ser la explicación única
para huída tan urgente).

El Romance de Mercedes es un poema de Luis García Centoira incluido en su Romancero de Bar, al cual puedes acceder pinchando 
                                                           aquí



A PROPÓSITO DE MERCEDES

La historia que se cuenta en este romance es cierta. Aunque los detalles de por qué alguien desaparece de la vida de su mujer, su madre, su hijo por culpa o causa de las drogas son irrelevantes -al final da igual si la desaparición la provocó la guerra, un suicidio o un accidente- esta historia es cierta en casi todos sus extremos.

Me pongo en la piel de su protagonista, de esa mujer que se sienta jueves tras jueves en el mismo bar esperando que aparezca su hijo, sabiendo de antemano que no aparecerá tampoco ese día y se eriza el vello de la piel. Se me ocurren  pocas formas más hondas de sufrimiento.

Los hijos están ahí para sucedernos, para sobrevivirnos, para vivir el duelo de nuestra falta. Si por la razón que sea esto no sucede, si ese orden natural de las cosas se altera algo parece quebrarse en el eje del mundo.

De alguna manera, una desaparición es una muerte sin duelo. Al menos a los muertos puedes enterrarlos. Con los no-vivos pero no-muertos no puedes hacer otra cosa que esperarlos. Aun si sabes-temes que nunca regresarán, aun si a veces te olvidas por un momento de ellos y entonces te asalta la culpa -por no tener siempre presente su ausencia-, no puedes hacer nada más que flotar en el limbo de una espera infinita.

Ojalá esto no nos pase a ninguno. Ojalá nunca seamos protagonistas de un romance de ausencias.


Las ilustraciones que acompañan a este poema son obra de Albert Gustaf Arístides Edelfelt, pintor finlandés que vivió entre 1854 y 1905. La melancolía, la espera, la ausencia están pintadas en el rostro de muchos de los protagonistas de sus composiciones. Yo creo encontrarla en el rostro de esa anciana sentada en el campo que aparece al comienzo de este romance. Pero, en cualquier caso, esté ahí o sólo en mi cabeza, cualquiera es buen momento para ver buena pintura.

5 comentarios:

  1. Muy bueno, Luis, no da lugar a aburrirse con tus Romances de Bar, y A propósito de Mercedes, lo hace trágico si cabe. Saludos Luis.

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  2. Un fuerte abrazo, vasco de Alicante. Por leer, por seguir y por emocionarte.

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  3. Extraordinario Luis.
    Estoy disfrutando bastante estos romances, y en qué lugar, un bar.

    Me parece que cuando escribes:
    Doce años serán algo
    ¡porque hieren tanto a veces!, debería ser: Por qué.

    Un placer leerte. Abrazo.

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  4. Gracias Gil, que andas siempre al quite. Pero en este caso está bien porque no interroga ni exclama... se trata de una afirmación en medio de una frase exclamativa. Aprecio tus comentarios porque siempre son constructivos... ¡Aprecio tus comentarios porque siempre son constructivos! En este caso las exclamaciones sólo añaden un extra de intensidad, pero nada más. Un abrazo, compañero.

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  5. Trágica ytriste historia peroesas cosas ocurren. U abrazo.

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