lunes, 14 de enero de 2013

TEATRO DE, ENTRE, PARA, POR LA CALLE


Hay un momento mágico en la vida de todas las comunidades en que se revive un hecho histórico, un acontecimiento que marcó la vida de sus habitantes o de sus antepasados. Esos hechos determinaron una toponimia, la organización de las calles, el grosor de las paredes de las casas, la anchura de las ventanas. Así, en tantos y tantos pueblos donde se vivieron batallas pueden verse poblaciones en lo alto de cerros, protegidas por un castillo de pequeños ventanucos desde donde los villanos podían asaetear a los invasores. Otros, donde las murallas ante la costa protegían a los pueblos de las invasiones de corsarios, piratas o ejércitos extranjeros.

Ahora, cada año, cada dos años, cada cuatro años, muchos de sus habitantes dan vida a aquellos hechos, recreándolos para el solaz de sus conciudadanos. Y no es mero teatro, no, es memoria viva de la comunidad, explicación de una identidad, coreografía de un tiempo pasado que explica el presente. 

Batalla Naval durante el "Desembarco Moro"
de Vila Joyosa
Cristo en la Pasión de Balmaseda














Hay otras veces en que lo que se recrea es un mito, una historia arquetípica o universal: las pasiones vivientes del catolicismo, las cabalgatas en pueblos y ciudades, las procesiones de ritmo machacón y cara seria de la Semana Santa o las luminosas y divertidas bacanales del tiempo de Carnaval.


Las calles se llenan de público ansioso por revivir mitos universales, el tiempo de la tristeza por el mesías muerto o la pagana antesala del culto a la carne -en todos los sentidos- y el vino -en el sentido que os imagináis-. Quienes desempeñan su parte en el desfile o en la representación lo hacen con total entrega y, en muchas ocasiones, auténtica profesionalidad. Las escuelas de samba brasileña, las comparsas de carnaval españolas, los vecinos que dan cuerpo a Caifás, a Magadalena o a José en las representaciones de la Piedad dedican horas, meses, a preparar la escenificación de la Piedad ante auditorios de miles, de cientos de miles de personas.


Y hay otro tipo de teatro que también se concibe, en este caso con verdadera voluntad y técnica dramatúrgica. Desde hace décadas grupos teatrales de todo el mundo han desarrollado propuestas escénicas que sólo pueden desarrollarse en la calle, en movimiento. Crean enormes animales, marionetas gigantes, globos brillantes. Actores y actrices se convierten en seres fantásticos, en arquetipos multicolores de la alegría, el resplandor, o en inverosímiles zancudos de expresión intensa.


Confieso mi pasión por todos estos desfiles, intervenciones, diaporamas vivientes,... Observo aquellos que recrean hechos históricos sin tomar partido por las huestes que en su día litigaron en batallas que, claro, han sido reescritas por la población local en función de su propia lectura de la historia. Esos otros que muestran capítulos idealizados de La Biblia los disfruto sin ningún espíritu catecumenal, pero con un gran arrobo estético. Y los que nos presentan elaborados pasacalles los observo degustándolos con el único objetivo de sumergirme en el placer ante la luz, el sonido o el atrezzo.


A todos ellos, muchísimas gracias. Me habéis hecho pasar mil y un momentos maravillosos.

 Nota: la fotografía que abre y la que cierra este post corresponden al espectáculo Los 2O del XX del grupo bilbaíno A Teatral.
Fórmica es el nombre del espectáculo que  la Compañía Origen acaba de mostrar en Cádiz.
De ambos espectáculos y de los lobos de Deabru Beltzak encontráis videos en este mismo post, al igual que del mayor de los profetas del Carnaval, el grandísimo, inmenso Carlinhos Brown.
Darse una vuelta por el  Desembarco Moro de Vila Joyosa o asistir a la Pasión Viviente de Balmaseda son dos experiencias, cada una a su manera, inolvidables.

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