¿ARTE O JUEGO? (2):

A Azu.


¿Se lleva el talento en los genes?


A veces uno se pregunta cómo es posible que de unos padres geniales salgan hijos de mente perfectamente cuadriculada. Y en otras, si la palabra genial, en lugar de venir de genio, no vendrá de “gen”.


Hay hijas de grandes escritores que se convierten en sobresalientes directoras de teatro, hijos de actores notables que abrazan el arte de la escultura, fotógrafas hijas de fotógrafas,… y después están:


                                         Luis Miguel y Aylena.

                                      
Luis Miguel Gómez, además de un pintor de técnica casi perfecta, es uno de los creadores con una concepción más fina acerca del concepto “fantasía”.


Si yo me dedicara a bautizar estilos artísticos diría que Luis Miguel se ubica en la corriente del Hiperrealismo Mágico, pero no sé ni siquiera si esa corriente existe. Ya bastante difícil es ser un pintor hiperrealista, ser además uno de los mejores cual es su caso, como para encima añadirle un adjetivo. Pero así es: en las imágenes que salen de la mente de nuestro protagonista siempre hay un imposible: un edificio fuera de su emplazamiento original, un personaje fuera del tiempo,… Todo muy sutil, muy meditado, casi como si fuera por casualidad.


Aylena es hija de Luis Miguel y, sin ninguna duda, a sus escasos diecisiete años, la pintora más laureada de su edad en España (¿o en el mundo?) Eso parece haberlo heredado también de su padre, pues ha habido entregas de premios de pintura donde él se ha levantado a recoger el premio de la categoría senior y ella, unos minutos más tarde, el destinado a los menores de edad. La lista de galardones de uno y de otra va de lo extenso a lo inabarcable.

Ahí se acaban, no obstante, las similitudes entre uno y otro. Si Luis Miguel se nos presenta como uno de los pintores más detallistas y académicamente virtuoso que conocemos, Aylena es puro expresionismo. Su pincelada es vigorosa, la parte narrativa domina a la técnica en sus composiciones.

Lo bueno es que para su estilo ya hay inventado un nombre: surrealismo pop. Ahí es donde debemos ubicar a su familia artística. Y dentro de esa familia Aylena no surge como una discípula que intenta imitar a nadie: desde que tenía siete años ha asentado sus reales sobre esa corriente, sin saber siquiera que la misma existía, sin haber visto un cuadro de Murukami o de Mark Ryden. Y, sinceramente, sin haber llegado todavía a su madurez como creadora, no tiene nada que envidiarles –bueno, tal vez al primero, la cuenta corriente-.














Podéis encontrar sus obras en:




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